Jerez se moviliza contra el derribo de bodegas históricas para construir apartamentos turísticos
Historiadores y arquitectos denuncian la pérdida progresiva del patrimonio bodeguero de Jerez, con más de 800 edificios desaparecidos, y reclaman protección para una bodega de 1870 en la calle Circo que será demolida para levantar 21 apartamentos turísticos.
Por Marcos Esteban
La ciudad de Jerez de la Frontera afronta un nuevo episodio de pérdida de su patrimonio industrial. Un casco bodeguero de 1870, situado en la calle Circo, será demolido para construir 21 apartamentos turísticos, lo que ha llevado a un grupo de historiadores y arquitectos a movilizarse para frenar el derribo y reclamar la protección del inmueble.
«Los historiadores estamos en pie de guerra», resume Jesús Caballero, doctor en arquitectura y urbanismo del siglo XIX, que denuncia la desaparición progresiva de la arquitectura bodeguera que define la identidad de la ciudad. Según un estudio de dos arquitectos locales, más de 800 bodegas han ido desapareciendo en las últimas décadas, un proceso que se ha acelerado desde 2008 con el boom inmobiliario. «La especulación tan grande que hubo hizo que se derribasen muchísimos cascos bodegueros», constata Caballero.
El edificio amenazado, de mil metros cuadrados, forma parte del desarrollo urbanístico bodeguero creado en el entorno de la Plaza de Toros. Para José Manuel Moreno Arana, historiador del arte, se trata de «una bodega más bien pequeña, pero lo interesante es que forma parte del desarrollo urbanístico bodeguero creado en el entorno de la Plaza de Toros». A diferencia de otras regiones, en Jerez el vino se elabora en superficie, lo que dio lugar a «edificios monumentales, de gran altura, vinculados a la forma de producir el vino y también al clima», explica Moreno Arana. Estas construcciones, conocidas como «bodegas catedrales», se dividían en naves sostenidas por pilares con grandes cubiertas de madera y tejas, recordando a la arquitectura religiosa.
La historiadora Alicia Bernal, especializada en arquitectura, forma parte del grupo que reclama la protección de la bodega. «Al no tener ninguna protección, pueden destrozarla, no hay nada que lo impida», señala. Entre las acciones que preparan está la inscripción del inmueble en la Lista Roja de la organización Hispania Nostra y la solicitud de protección ante el Ayuntamiento de Jerez. Bernal subraya la paradoja: «Si somos conocidos como la ciudad del vino, lo que tiene que perdurar son las bodegas. Si no, ¿qué sentido tiene que nos denominen como tal?».
El declive de la industria vinícola desde los años ochenta está en el origen de esta pérdida. Caballero recuerda que en el siglo XIX todo el mundo bebía vino y la exportación masiva a Gran Bretaña convirtió al sherry en uno de los vinos más consumidos. Sin embargo, la moda británica se fue enfriando y la producción cayó progresivamente durante el siglo XX, haciendo que las bodegas perdieran protagonismo durante el desarrollismo franquista y las décadas posteriores. El golpe definitivo llegó con el boom del ladrillo a partir de 2008.
Los expertos no se oponen a que las bodegas se destinen a usos contemporáneos, pero exigen que se respete el patrimonio. «No nos oponemos a que la bodega se utilice para un uso contemporáneo, pero claro, siempre que se respete el patrimonio», afirma Bernal. Moreno Arana añade que el centro histórico de Jerez «ya se había abandonado previamente al boom de los hoteles y los apartamentos turísticos» y evita estigmatizar el turismo: «No siempre tiene por qué ser negativo». No obstante, advierte de que la desaparición de estos edificios supone una pérdida irreparable.
La demolición de la bodega de la calle Circo es solo el último capítulo de una larga lista. Caballero lamenta que «cuando tiramos estos edificios, perdemos nuestra identidad» y critica la filosofía imperante: «Aquí hay una idea de que la ciudad va avanzando y lo viejo hay que tirarlo porque rehabilitarlo vale dinero». La consecuencia, advierte, es que «se hacen otros edificios completamente convencionales y acabamos siendo una ciudad del montón, sin personalidad».
La movilización de los historiadores busca frenar esta tendencia y concienciar a las autoridades y a la ciudadanía sobre el valor de un patrimonio que, aunque industrial, forma parte esencial de la historia y el carácter de Jerez. La inscripción en la Lista Roja de Hispania Nostra y la solicitud de protección municipal son los primeros pasos de una lucha que pretende evitar que la ciudad del vino siga perdiendo sus señas de identidad.
