La Generalitat reivindica el autogobierno valenciano en el 750 aniversario de la muerte de Jaume I
La conmemoración del Nou d'Octubre de 2026 pone el foco en el legado de Jaume I y en los cinco objetivos de la Generalitat para el futuro de la Comunitat Valenciana, desde los servicios públicos hasta una financiación justa.
Por Marcos Esteban
La conmemoración del Nou d'Octubre de 2026 adquiere este año un significado especial al coincidir con el 750 aniversario de la muerte de Jaume I. Bajo el lema «Un legado infinito», la Generalitat ha querido vincular la efeméride histórica con una reflexión sobre el presente y el futuro de la Comunitat Valenciana, entendiendo que la identidad valenciana no es un recuerdo del pasado, sino una realidad viva que se expresa en las instituciones, la cultura, las tradiciones, las lenguas y los símbolos compartidos.
El autogobierno se presenta como la herramienta contemporánea de esa voluntad colectiva. No como la memoria de lo que fuimos, sino como el instrumento con el que la sociedad valenciana decide lo que quiere ser. Según este planteamiento, el autogobierno permite gestionar los servicios públicos, defender los intereses propios y afrontar los retos presentes, además de garantizar que las señas de identidad pertenezcan a todos los ciudadanos sin excepción.
La Senyera, las instituciones, las tradiciones y la lengua valenciana son descritas como patrimonio común que no tiene propietarios ni necesita guardianes. El discurso oficial subraya que deben seguir siendo espacios de encuentro y no instrumentos para dividir. En este sentido, se insiste en que la identidad valenciana nunca necesitó construirse contra nadie, ni del conflicto para afirmarse, ni del agravio para reconocerse, y que se ha forjado con las aportaciones de generaciones diversas.
La celebración de este año se articula en torno a cinco objetivos que, según la Generalitat, deben ser compartidos por el conjunto de la sociedad. El primero consiste en construir una Comunitat que cuide mejor y a más gente, con servicios públicos a la altura de las necesidades reales: sanidad, educación y políticas sociales que acompañen a los ciudadanos cuando más lo necesitan, con especial atención a los mayores tras toda una vida de trabajo y a quienes requieren una Administración que responda.
El segundo objetivo apunta a una tierra que abra oportunidades para construir proyectos de vida. Se trata de que los jóvenes puedan formarse, encontrar empleo, desarrollar su talento, emanciparse, crear una empresa o formar una familia. El planteamiento rechaza conformarse con decirles que son el futuro y apuesta por ofrecerles opciones en el presente, de modo que marcharse al extranjero sea una elección y no una obligación, y que quienes se vayan para aprender y crecer puedan volver porque aquí encuentran oportunidades.
El tercer objetivo se centra en la necesidad de una tierra que produzca para competir, partiendo de la idea de que no hay bienestar sin prosperidad ni servicios públicos fuertes sin una economía capaz de sostenerlos. La Comunitat Valenciana es descrita como tierra de emprendedores, autónomos, agricultores, comerciantes, trabajadores, industriales y empresas. Desde la Generalitat se afirma que se trabaja para favorecer esa energía, facilitar la inversión y el trabajo, convertir las buenas ideas en proyectos y ayudar a las empresas a competir en España, Europa y el mundo.
El cuarto objetivo es la seguridad. La dana de hace dos años, cuyas víctimas y familias permanecen en el recuerdo, es presentada como una lección amarga que obliga a construir una tierra más segura y resiliente, con mejores medios, infraestructuras y coordinación. Se trata de una Comunitat capaz de proteger su territorio y, ante todo, a las personas que viven en él.
El quinto objetivo da sentido a los anteriores: defender la voz propia de las tres provincias. Una voz que no necesita gritar, pero que debe hacerse escuchar, y que no es la del conflicto, sino la de una tierra trabajadora y generosa que quiere participar en el proyecto común de España desde la lealtad y el respeto a sí misma. La Comunitat Valenciana no quiere ser más que nadie, pero tampoco debe aceptar ser menos que nadie, por lo que se reivindica una financiación justa, el agua, las infraestructuras y los recursos necesarios para crecer y garantizar los servicios públicos, siempre desde el diálogo, el rigor y la firmeza institucional.
Setenta y cinco décadas después de la muerte de Jaume I, la conmemoración invita a preguntarse qué Comunitat Valenciana se quiere legar a las nuevas generaciones. Porque un legado, concluye el planteamiento oficial, no es solo aquello que recibimos, sino también aquello que decidimos dejar.
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