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Evolut

27 de septiembre de 2026

Cultura 6 min

Óscar Domínguez, el surrealista de las mil caras, expone en Madrid su último autorretrato antes de suicidarse

La Galería Guillermo de Osma muestra por primera vez 'Le Clown', el autorretrato que Óscar Domínguez pintó un mes antes de quitarse la vida en 1957, junto a una treintena de obras que recorren su producción híbrida y su ruptura con André Breton.

La Galería Guillermo de Osma, en Madrid, expone por primera vez al público Le Clown, el autorretrato que Óscar Domínguez pintó apenas un mes antes de quitarse la vida el 31 de diciembre de 1957 en su casa del barrio parisino de Montparnasse. La obra, en paradero desconocido desde 1965, cierra la muestra Óscar Domínguez o el Surrealismo híbrido, que reúne una treintena de piezas y recorre toda la producción del artista tinerfeño.

Nacido en La Laguna, Tenerife, en 1906, Domínguez viajó a París con 21 años para ocuparse de los negocios de su padre, propietario de explotaciones bananeras en la isla. Allí se instaló en el Surrealismo, el movimiento que André Breton había fundado en Francia en los años veinte sobre lo onírico y lo automático. Su vida fue corta, intensa y combativa, marcada por la pintura, el compromiso político y la enfermedad: sufría acromegalia, una dolencia rara que deformaba progresivamente su físico y agrandaba los huesos del cráneo, el rostro y las extremidades.

«Domínguez tiene una vida un poco corta, sólo vive 50 años, ya que se quita la vida en 1957. No obstante, tiene una producción poco extensa, pero sí muy variada. Esta es una exposición que recorre toda su corta carrera», explica Leonor de Osma, directora de la galería. Las obras expuestas van de 1936, año de sus calcomanías, la gran aportación del artista al Surrealismo, hasta sus últimas creaciones.

La acromegalia afectó de manera grave a su carácter y acentuó su inestabilidad personal y sus crisis depresivas asociadas al consumo de alcohol. De fuerte temperamento, Domínguez chocó irremediablemente con Breton, al igual que otros integrantes del movimiento que decidieron abandonar el grupo, entre ellos su íntimo amigo Paul Éluard, primer marido de Gala Dalí, quien rompió con Breton por su acercamiento al Partido Comunista.

Tras aquella salida, el pintor comenzó una producción más libre, sin la aprobación ni los mandatos del Surrealismo más ortodoxo. «Por eso hablamos de Surrealismo híbrido, porque no hace obras que versan sobre los principios del Surrealismo más académico, sino que toca muchas áreas diferentes de creación. Ahí es cuando hace las Calcomanías, una técnica para la que usa tinta, hace dibujos con papel y sobre ello pone otra hoja que más tarde levanta. De este modo nacían cuadros marcados por el azar y el subconsciente», apunta De Osma.

En los años cuarenta, Domínguez desarrolló una importante actividad exponiendo en París, Bruselas y Nueva York. De esa década, la directora de la galería destaca obras «muy especiales, en particular, un cuadro objeto que se llama La cámara oscura, donde se ve mucha influencia de Chirico o Dalí». En ese tiempo también se casó con Maud Bonneaud, a quien había conocido durante la ocupación francesa en la II Guerra Mundial. La unión le brindó algo de sosiego, aunque se divorciaron en 1950.

Tras la ruptura con su esposa, su frágil estabilidad se fue erosionando y comenzó un círculo vicioso de crisis, depresiones, escapismo a través del alcohol y una vida frenética que en absoluto le satisfacía, un hecho del que era consciente. Nunca dejó de pintar. Estaba consagrado a la acción de pintar, algo que hacía en su estudio, en soledad, y también acompañado de amigos que a menudo se arremolinaban para beber y charlar.

Una vez separado, fue conocida también su relación amorosa con la vizcondesa de Noailles, Marie-Laure Bischoffsheim, mujer adinerada, musa y mecenas de los surrealistas que financió, entre otras obras, La Edad de Oro, de Luis Buñuel. Con ella pasó largas temporadas en sus residencias de París y Hyères, en la Costa Azul. La amistad fraguó de tal modo que Domínguez fue enterrado en el panteón familiar de los Bischoffsheim en el Cementerio de Montparnasse, el mismo lugar que Marie-Laure.

La muestra incluye también obras de la época del triple trazo, de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, hasta aproximadamente 1953. «Un tiempo muy original, muy sofisticado y alegre. Pinta la obra y luego delimita las formas con una línea fina negra, creando unos relieves y unas composiciones maravillosas», señala De Osma. La mayoría de las piezas presentan representaciones de interiores e incluso algo que puede llamarse bodegones, como Frutero come frutas (1949), «uno de los cuadros más potentes de la muestra, tanto por valor como por tamaño y procedencia. Son dos fruteros que, en lugar de guardar las frutas, se las comen. Curiosamente, este cuadro perteneció a André Breton».

La exposición permite percibir cómo Domínguez es un poco como una matrioska rusa en cuanto a estilos, lo que convierte al artista en una figura a veces complicada de seguir la pista. Le Clown, el autorretrato que cierra el recorrido, muestra al pintor tal como él y los demás le veían, un mes antes de su suicidio, cuando los asistentes a su última exposición en vida en una galería de París no sabían que sería la última. Probablemente él sí.

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Iván Serrano

Autor

Corresponsal internacional

Iván Serrano cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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