Georgieva advierte de que la resiliencia económica mundial está llegando a su límite
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, alerta de que los colchones energético y fiscal se están agotando y pide a China, Estados Unidos y Europa ajustes diferenciados para corregir los desequilibrios globales.
Por Inés Benítez
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, ha advertido de que la economía mundial está perdiendo el margen que le permitió absorber las crisis de los últimos años. «La resiliencia está llegando al límite. Tanto el colchón energético como el fiscal se están agotando», afirmó durante las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial celebradas en Bangkok.
Georgieva reconoció que la economía resistió mejor de lo esperado los sucesivos sobresaltos, pero subrayó que esa capacidad no es ilimitada. Su preocupación no se limita al crecimiento: también apunta a las cuentas públicas, a una inflación que sigue siendo difícil de contener en distintos países y a una deuda cuyo coste continúa presionando a numerosos gobiernos.
La responsable del organismo multilateral no habló de un derrumbe inminente, aunque tampoco presentó un panorama tranquilizador. Su diagnóstico es que muchos países gastaron buena parte de sus recursos para afrontar las crisis anteriores y no aprovecharon suficientemente la recuperación para prepararse ante otras nuevas. Por eso reclamó decisiones antes de que la situación empeore.
Uno de los problemas que destacó fue la persistencia de los precios elevados. La inflación, explicó, continúa siendo difícil de contener y condiciona las decisiones sobre los tipos de interés. Cuando el dinero sigue caro, los Estados endeudados deben destinar más fondos a pagar intereses, lo que deja menos espacio para atender otros compromisos y complica la reconstrucción de unas reservas presupuestarias debilitadas tras años de gastos extraordinarios.
Georgieva fue especialmente crítica con los gobiernos que no reforzaron sus cuentas después de la pandemia. Consideró que el momento de actuar es ahora, cuando todavía existe alguna capacidad de maniobra. Entre sus recomendaciones figuraron mejorar la recaudación y revisar los gastos, y utilizó una comparación doméstica para ilustrar su mensaje: reparar la casa antes de que las grietas se hagan más grandes.
Su advertencia afectó especialmente a las economías avanzadas, que tampoco quedaron al margen de esta pérdida de resistencia. Eso no significa, según su planteamiento, retirar sin más las ayudas públicas. Georgieva defendió que los gobiernos protegieran a quienes peor soportan las dificultades económicas. La prioridad, sostuvo, debía ser apoyar a los sectores más vulnerables, en lugar de concentrar los recursos en medidas generales para frenar los precios. El desafío consiste en mantener esa protección sin seguir deteriorando unas finanzas públicas que ya llegan exigidas a la próxima crisis.
La directora del FMI resumió su receta para las principales potencias con una frase: «China debe gastar más, Estados Unidos debe ahorrar más y Europa debe invertir más». No se trató de una consigna aislada, sino que Georgieva recordó que los desequilibrios comerciales siguieron creciendo durante 2025 y alcanzaron un volumen equivalente al 0,7% del producto interior bruto mundial, pese a las tensiones arancelarias y los enfrentamientos entre socios comerciales.
A China le reclamó impulsar el consumo dentro de sus fronteras y depender menos de las ventas al exterior. A Estados Unidos, reducir sus déficits y elevar el ahorro. Para Europa reservó otro diagnóstico: necesita ganar competitividad y aumentar la inversión. La directora del FMI planteó así soluciones diferentes para problemas también distintos, en un escenario en el que las amenazas comerciales no consiguieron corregir por sí mismas los desequilibrios de fondo.
Georgieva encontró un contrapeso a las malas noticias en el desarrollo de la inteligencia artificial. La inversión y la demanda vinculadas a esta tecnología están dando impulso a parte de la actividad económica, justo cuando las dificultades de suministro energético derivadas de la guerra en Oriente Medio empujan en sentido contrario. Pero ese alivio tiene sus límites: no todos los países participan del auge tecnológico ni cuentan con recursos suficientes para amortiguar una nueva subida de la energía.
La economista también avisó de otro peligro: que los beneficios de la inteligencia artificial no lleguen tan pronto como esperan los inversores. Una decepción, señaló, podría desencadenar una corrección desordenada de los mercados financieros. El riesgo resulta especialmente delicado para los países más frágiles, que dependen de importar hidrocarburos y quedan fuera de buena parte de las oportunidades tecnológicas.
En Bangkok, la directora del FMI insistió en que la resistencia mostrada hasta ahora no debía confundirse con inmunidad. Su mensaje a los gobiernos fue menos una predicción de catástrofe que una exigencia de preparación: sanear las cuentas, proteger a quienes más lo necesitan y no confiar en que la economía pueda encajar indefinidamente un golpe detrás de otro. Y es mejor hacerlo antes de que el próximo sobresalto vuelva a ponerlas a prueba.
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