Callarse para evitar conflictos: resentimiento y fatiga emocional
La psicóloga clínica Kia-Rai Prewitt explica que el silencio en las discusiones puede tener origen en la infancia, en un bloqueo emocional o en la creencia de que callar evita el conflicto, aunque a largo plazo genera resentimiento y desgaste.
Por Inés Benítez
Quedarse en silencio durante una discusión es un comportamiento frecuente que, lejos de ser una simple muestra de indiferencia, puede esconder un bloqueo emocional, una dificultad para procesar lo que ocurre o una estrategia aprendida para evitar el conflicto. La psicóloga clínica de la Cleveland Clinic Kia-Rai Prewitt señala que esta reacción está relacionada con experiencias de la infancia, con la incapacidad de gestionar emociones intensas y con respuestas automáticas ante situaciones de estrés elevado.
El origen de esta conducta suele encontrarse en el entorno familiar. Si durante la niñez el patrón habitual era el silencio en las discusiones, la persona interioriza esa forma de afrontar los problemas como la única posible. El silencio también puede utilizarse como castigo: un niño que presencia cómo sus padres dejan de hablarle cuando comete un error o no cumple las expectativas puede reproducir ese mismo comportamiento en la edad adulta. En otros casos, la persona se siente desbordada por sus emociones y se produce un bloqueo que le impide procesar la información y encontrar una respuesta verbal. No se trata, por tanto, de una decisión deliberada de ignorar al otro, sino de una reacción ante una carga emocional que resulta difícil de manejar.
La interpretación que hace la otra persona es clave para entender las consecuencias de este silencio. Quien recibe el mutismo tiende a leerlo como rechazo, desinterés o una estrategia para castigarle, lo que puede deteriorar la relación. Prewitt distingue entre necesitar unos minutos para calmarse y utilizar el silencio para hacer daño o evitar cualquier comunicación. Esa distinción resulta fundamental para no confundir una pausa necesaria con una forma de agresión pasiva.
Muchas personas creen que callarse es la mejor manera de mantener la calma y evitar una discusión. Sin embargo, reprimir las emociones dificulta la resolución de los problemas y puede generar resentimiento y fatiga emocional a largo plazo. Cuando esta conducta provoca malestar en la relación, la experta recomienda hablar abiertamente sobre lo que está ocurriendo para encontrar una forma diferente de afrontar los conflictos. El silencio, en definitiva, puede ser una forma de tomar distancia, una reacción ante una sobrecarga emocional o un comportamiento heredado de la infancia, pero rara vez resuelve el problema que lo provoca.
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