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Evolut

9 de octubre de 2026

Estilo de vida 5 min

Centro de Valores: un nuevo modelo para custodiar relojes, arte y vino en Madrid

Brian Lavio, fundador de Centro de Valores, propone un espacio de alta seguridad en Madrid que combina cajas de seguridad, custodia de arte y conservación de vino, con un enfoque basado en que el cliente mantenga el control de sus bienes.

Brian Lavio, fundador de Centro de Valores, ha creado en Madrid un espacio privado de alta seguridad que va más allá de la tradicional caja de seguridad bancaria. El proyecto, que combina cajas de seguridad, custodia de arte, conservación de vino y servicios para facilitar operaciones con bienes de valor, parte de una filosofía clara: «Lo que hay aquí no es nuestro. Nosotros somos los conserjes». Con esta frase, Lavio resume un modelo en el que el centro no decide cuándo el propietario puede acceder a sus bienes, sino que pone la seguridad y la tecnología necesarias para que pueda protegerlos y utilizarlos cuando lo necesite.

Lavio llega a este proyecto desde el mundo del lujo y, especialmente, de la relojería. Durante años trabajó en un sector donde el valor de una pieza puede multiplicarse por su exclusividad o su historia. Esa experiencia le llevó a identificar las limitaciones del modelo tradicional. «Yo conocía muy bien las necesidades de alguien que compra un reloj, una joya o cualquier objeto de valor. Cuando empecé a pensar en este proyecto, tenía muy presentes todas las expectativas que yo mismo había tenido como cliente», explica. El resultado fue Centro de Valores, concebido como algo más amplio que una caja bancaria: «No queríamos hacer simplemente una caja de seguridad. Tampoco queríamos hacer un almacén de arte. Queríamos crear un espacio para que las personas pudieran disfrutar de sus cosas y protegerlas en el tiempo».

Una de las diferencias clave respecto al modelo bancario es la relación con el cliente. «En un banco, la caja de seguridad formaba parte de toda la relación bancaria. Nosotros planteamos justamente lo contrario: aquí custodiamos cosas que no son nuestras», señala Lavio. Para el empresario, el propietario debe conservar el control sobre lo que guarda. «Si lo que hay dentro no es nuestro, el cliente tiene que poder venir cuando él quiera, no cuando nosotros digamos». Por eso el horario es flexible: el centro funciona durante el día y, cuando la puerta principal se cierra por la noche, existe la posibilidad de organizar accesos extraordinarios. «Si un cliente necesita venir a las tres de la mañana, nos avisa con antelación y nosotros estamos aquí para recibirle».

La seguridad comienza antes de entrar. Uno de los objetivos del proyecto ha sido reducir al mínimo el tiempo que el cliente permanece expuesto en el exterior. Los clientes que llegan en coche pueden acceder directamente al interior y continuar hasta la zona de espera. A partir de ahí, una sucesión de controles y tecnología avanzada garantiza la protección. Lavio explica que el centro cuenta con sensores capaces de detectar vibraciones, cambios de temperatura o movimientos, y con sistemas que permiten establecer perímetros invisibles. «No todo es como en las películas, con láseres cruzando una habitación. Podemos crear muros virtuales que no se ven». En determinados puntos, el sistema analiza incluso el volumen y la densidad de lo que atraviesa una zona. «Puede pasar un gato, pero no puede pasar una persona. El sistema analiza qué está atravesando ese muro invisible».

El acceso a las cajas requiere dos llaves: la del cliente y la del centro. «Aquí no hay una sola llave. Para abrir una caja hacen falta las dos», subraya Lavio. Este sistema impide que una llave aislada permita acceder al contenido. «El cliente puede decidir que su hija tenga acceso. Pero para que pueda entrar tiene que darle físicamente su llave. Si no tiene la llave, no puede abrir». Además, el personal acompaña siempre al cliente hasta su compartimento. «Nosotros sabemos a qué caja puede acceder cada persona. Si alguien tiene una llave que no le corresponde, no puede simplemente ir probando cajas». Para Lavio, esta diferencia es crucial cuando hay varias personas vinculadas a un mismo patrimonio. «Puede haber separaciones, problemas familiares o simplemente una persona que intenta acceder a algo que no le corresponde. Por eso no basta con tener una buena cerradura: también hay que controlar quién entra y dónde puede entrar».

El concepto de valor que maneja Centro de Valores no se limita al dinero. «El valor puede ser monetario, histórico, sentimental o documental», explica Lavio. Y pone ejemplos que se alejan de la imagen del millonario guardando lingotes. «Una escritura puede no valer nada como objeto, pero si la pierdes puedes tardar seis meses en conseguir que te la vuelvan a hacer». Con esta visión, el centro se posiciona como un espacio para proteger todo aquello que, por una razón u otra, resulta irremplazable.

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Inés Benítez

Autor

Redactora cultural

Inés Benítez cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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