Teresa Sapey diseña el paddock de Madring con dos soles de cinco metros como símbolo de bienvenida
La arquitecta Teresa Sapey firma la intervención del paddock del futuro circuito Madring, un espacio de tres días de duración que combina piezas a medida, color y dos soles de cinco metros que reciben al visitante como «dos grandes brazos».
Por Marcos Esteban
La arquitecta Teresa Sapey y su estudio han diseñado la intervención del paddock de Madring, el futuro circuito de Fórmula 1 de Madrid, con un planteamiento que busca alejarse de los códigos habituales de este tipo de espacios. El proyecto, desarrollado junto a empresas del Foro de Marcas Renombradas Españolas, incluye piezas creadas a medida y dos soles de cinco metros que, según la arquitecta, funcionan como «dos grandes brazos» que reciben a quien llega a Madrid.
Sapey explica que el reto consistía en traducir la energía de la Fórmula 1 —velocidad, tecnología, precisión y una identidad cromática muy marcada con rojo, amarillo, blanco y negro— a un espacio que, paradójicamente, está pensado para que la gente se detenga. «En el lugar donde todo corre, hay que diseñar para que la gente pueda pararse», señala la arquitecta, que describe el paddock como un escenario de apenas tres días de duración, una temporalidad que permite ser «más atrevido, más radical» y asumir más riesgos que en un hotel, un restaurante o una vivienda.
La intervención no se limita a decorar o amueblar la zona. Madring apostó por encargar piezas icónicas concebidas específicamente para el circuito, algo que Sapey considera fundamental para que el diseño adquiera otra dimensión. «Sin esa voluntad y sin esa confianza, estas piezas icónicas no existirían», afirma. El mobiliario, creado con firmas españolas, está pensado para ser tocado, utilizado y vivido, no solo contemplado.
Los dos grandes soles de KriskaDecor son la pieza más simbólica del proyecto. Sapey quería hablar del cielo de Madrid —el que Velázquez convirtió en materia pictórica y que hoy puede contemplarse en el Museo del Prado— sin dejar de lado el sol, que es el que transforma sus colores y modula el paisaje. Para la arquitecta, el sol representa luz, energía y calor, pero también «una determinada manera española de recibir al otro». Por eso las piezas, de cinco metros, pueden atravesarse, tocarse y experimentarse.
El color tiene un peso central en la intervención. Sapey subraya que no se trata de un color casual: son los tonos del imaginario de la Fórmula 1, pero utilizados para construir espacio y no como simple decoración. La arquitecta insiste en que el objetivo era transmitir la identidad de España y de Madrid sin recurrir a los tópicos más evidentes, y lograr que alguien que llega desde cualquier parte del mundo sienta que España le recibe con los brazos abiertos.
El proyecto también aborda una contradicción deliberada: los pilotos son héroes, pero también personas que necesitan sentarse, descansar, encontrarse y conversar. En ese contexto, el mobiliario actúa como una «pequeña arquitectura» que acompaña al ser humano. «La arquitectura o nos envuelve o nos acompaña. Cuando nos envuelve, es espacio. Cuando nos acompaña, es objeto, diseño, mueble», explica Sapey.
Con esta intervención, Madring busca que su paddock no sea un espacio efímero más, sino un lugar con identidad propia capaz de dejar huella en quienes lo visiten durante los tres días de competición. La combinación de diseño a medida, color y referencias culturales españolas pretende convertir el paso por el circuito en una experiencia reconocible y acogedora.
