Israel entra en bloqueo político tras unas elecciones sin mayoría clara
Ni el bloque de Netanyahu ni la oposición de Eisenkot alcanzan los 61 escaños necesarios, y el país se enfrenta a semanas de negociaciones con los partidos árabes como posible bisagra.
Por Inés Benítez
Israel afronta un nuevo periodo de incertidumbre política después de unas elecciones que no han dejado un vencedor claro. Ni el bloque encabezado por el primer ministro, Benjamin Netanyahu, ni la alianza opositora liderada por Gadi Eisenkot han logrado los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría absoluta en la Knéset, el Parlamento israelí, compuesto por 120 diputados.
La Comisión Electoral Central (CEC) publicó en la madrugada del viernes los resultados definitivos de los comicios celebrados el martes anterior. El partido Likud, de Netanyahu, se impuso con 27 escaños, y la coalición que lidera suma 53 asientos, insuficientes para gobernar. En segundo lugar quedó Yashar!, la formación opositora de Gadi Eisenkot, con 21 escaños. Los resultados incluyen el recuento de los denominados votos de «doble sobre», emitidos por israelíes que votan fuera de su colegio electoral asignado.
El veredicto de las urnas abre la puerta a negociaciones que podrían prolongarse durante semanas e incluso meses. La fragmentación parlamentaria y las profundas diferencias entre los partidos dificultan la consecución de acuerdos estables. No se descarta la formación de un Ejecutivo mediante pactos entre distintas fuerzas, pero cualquier coalición podría nacer debilitada y con una duración limitada. Si las conversaciones fracasan en el plazo previsto de unas doce semanas, Israel podría verse abocado a una nueva convocatoria electoral.
El bloque pro-Netanyahu suma 53 escaños frente a los 48 de la oposición y los 19 de las dos listas árabes, que no forman parte de ninguno de los dos bloques. Entre ellas, la izquierdista Lista Conjunta obtendría once escaños y la islamista Raam, de Mansur Abás, ocho. Netanyahu necesita así ocho escaños más para la mayoría absoluta, y el bloque de Eisenkot, trece, por lo que ninguno de los dos podría gobernar sin el apoyo de los partidos árabes o de diputados del bloque contrario.
Uno de los principales obstáculos para la oposición es reunir apoyos de formaciones con posiciones ideológicas muy alejadas. Desalojar a Netanyahu del poder pasa, en principio, por algún tipo de entendimiento entre partidos judíos y árabes, una fórmula que genera importantes resistencias. El exprimer ministro Naftali Bennett y el exministro de Defensa Avigdor Liberman, representantes del sector más conservador de la oposición, rechazan participar en un gobierno cuya supervivencia dependa de Lista Conjunta y Raam, tanto si estas formaciones entran en el Ejecutivo como si lo apoyan desde fuera.
Estas posiciones se han endurecido especialmente desde los ataques de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, que profundizaron las tensiones políticas y sociales en el país. La experiencia de 2021 muestra las dificultades de estas alianzas: una coalición de ocho partidos de distintas tendencias, entre ellos la formación árabe Raam, logró poner fin a la etapa de Netanyahu al frente del Gobierno, pero las discrepancias internas provocaron su caída apenas un año después.
Por otra parte, el director de la CEC, Dean Livne, afirmó que las informaciones publicadas el jueves sobre una investigación del Shin Bet, el servicio de inteligencia interior, por una posible injerencia externa en las elecciones «carecen por completo de fundamento», y añadió que la investigación no afectará a los resultados finales. Según explicó, el Shin Bet presentó al presidente de la CEC, el juez conservador Noam Sohlberg, información clasificada que no detalla. Sohlberg envió una carta al jefe del Shin Bet, David Zini, nombrado por Netanyahu, en la que pedía investigar denuncias sobre una posible injerencia extranjera. «Se me han presentado sospechas graves de influencia indebida sobre las elecciones mediante financiación extranjera procedente de agentes externos que actúan contra el interés israelí», escribió.
La polémica se suma a las denuncias del Likud, que alertó de irregularidades, entre ellas «miles de sobres» con «dinero en efectivo» junto a papeletas de Raam. Medios israelíes informaron de que la información remitida a la CEC mencionaba una posible financiación procedente de Catar, país que negó categóricamente la acusación. Livne concluyó que no pueden revelarse más detalles, aunque insistió en que las noticias del día «carecen por completo de fundamento».
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