Putin propone una cumbre con Trump y Xi sin Ucrania ni Europa al estilo de Yalta
El Kremlin plantea una reunión tripartita en la cumbre de la APEC en Shenzhen en noviembre, excluyendo a Ucrania y a la UE, lo que despierta recelos en Bruselas y evoca el reparto de poder de 1945.
Por Inés Benítez
El presidente ruso, Vladímir Putin, ha propuesto a Estados Unidos y China una reunión para abordar el fin de la guerra en Ucrania sin contar con Ucrania, el país invadido, ni con Europa. Según fuentes cercanas a las conversaciones citadas por The Wall Street Journal, el Kremlin sugiere celebrar un diálogo entre Donald Trump, Xi Jinping y el propio Putin en el marco de la próxima cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que tendrá lugar los días 18 y 19 de noviembre en Shenzhen, el centro tecnológico del sur de China. Moscú habla de una reunión «posible» y tripartita.
La propuesta ha generado inquietud en las capitales europeas, que interpretan el movimiento como un intento de reeditar la Conferencia de Yalta de 1945, cuando Stalin, Roosevelt y Churchill se repartieron el mundo de la posguerra. El portavoz de la Comisión Europea, Christian Wigand, recordó que en la cumbre de la semana pasada en Bruselas los líderes de los Veintisiete «dejaron muy claro que Europa tiene un papel clave que desempeñar en un futuro acuerdo» sobre Ucrania y que defenderá sus intereses. «Si Putin quisiera poner fin a esta guerra, podría hacerlo hoy mismo», añadió Wigand.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, rechazó las sospechas europeas, pero admitió que «todo el mundo» estará pendiente del evento. «No se han discutido ni presentado propuestas sustantivas ni acuerdos, ni sobre la reunión en sí ni sobre su posible agenda y contenido», aseguró. La cita, de confirmarse, excluiría tanto a Ucrania como a la Unión Europea, lo que el diario estadounidense interpreta como un intento de Putin de sacar provecho de su acercamiento a Trump.
La comparación con Yalta no es casual. Aquella conferencia se celebró durante siete días de febrero de 1945 en el Palacio de Livadia, en Crimea, y sirvió para cerrar la Segunda Guerra Mundial y diseñar un nuevo orden que acabaría desembocando en la Guerra Fría. Allí se sentaron Iósif Stalin por la Unión Soviética, Franklin D. Roosevelt por Estados Unidos y Winston Churchill por Reino Unido, que actuó más bien como notario del fin del Imperio Británico. Stalin partió con ventaja: cuando llegó a la mesa ya controlaba Polonia, Rumanía, Bulgaria y gran parte de Hungría, y obtuvo gobiernos satélites en toda Europa Oriental y en los países bálticos.
Hoy el tablero es distinto. Existen tres grandes potencias hegemónicas —China, Estados Unidos y Rusia— y los analistas interpretan que lo que pretende Putin es que las tres se sienten a definir sus áreas de influencia, utilizando la guerra de Ucrania como disculpa formal. La diferencia fundamental respecto a 1945 es que entonces los derrotados no tenían asiento, mientras que ahora el invasor entraría por la puerta principal y se sentaría entre los vencedores, según explicó a DW la doctora en Ciencia Política Ana Soliz de Stange, investigadora en la Universidad de las Fuerzas Armadas Alemanas.
El viceprimer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Radosław Sikorski, resumió la preocupación europea en la red social X: «La primera Conferencia de Yalta reconoció la dominación soviética sobre las zonas de Europa del Este controladas por el Ejército Rojo. Ahora Putin quiere como regalo los territorios ucranianos que no puede conquistar». Un acuerdo de ese tipo supondría un duro golpe para Ucrania y también para Europa, y confirmaría oficialmente que el continente ya no es el centro del mundo ni una prioridad para Washington. La hipotética cumbre de Shenzhen escenificaría el desplazamiento del eje geopolítico hacia el Indo-Pacífico, algo que en el Kremlin celebrarían con el mejor vodka.
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