Trump deja a Arabia Saudí sola frente a los hutíes mientras Irán estrecha el cerco sobre el petróleo
El eje liderado por Teherán bloquea los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb y el oleoducto Este-Oeste, mientras Riad no obtiene el respaldo militar de Washington, ocupado con Ucrania e Irán.
Por Inés Benítez
El «eje de la resistencia» liderado por Irán no solo resiste tras seis meses de una intensa campaña de bombardeos de Estados Unidos e Israel, sino que ha asestado dos golpes estratégicos que están reconfigurando el equilibrio de poder en Oriente Próximo. Los hutíes del Yemen han capturado la ciudad portuaria de Moca y, según su gobierno en Saná, también la isla de Perim, lo que les permite dominar toda la costa yemení del mar Rojo y disponer de plataformas para seguir atacando petroleros. En paralelo, milicias chiitas iraquíes atacaron con oleadas de drones el oleoducto Este-Oeste, una infraestructura de 1.200 kilómetros construida durante la guerra Irán-Irak para esquivar el estrecho de Ormuz y por la que transitaban unos siete millones de barriles diarios. Las autoridades saudíes lo han cerrado por precaución.
El resultado es un bloqueo casi total de las tres vías de suministro energético que conectan el golfo Pérsico con los mercados internacionales. El tráfico en Ormuz se ha reducido al mínimo, de unos sesenta petroleros diarios a cinco o seis e incluso a ninguno, debido a los ataques iraníes y al encarecimiento de los fletes y los seguros. Por Bab el-Mandeb, la entrada desde el Índico al mar Rojo, el tránsito de petroleros ha caído a la mitad a lo largo del año, de casi setenta unidades diarias a menos de treinta. Y con el oleoducto Este-Oeste fuera de servicio, la exportación de crudo saudí se ha detenido. Antes del 28 de febrero, cuando Israel y Estados Unidos comenzaron los ataques contra Irán, por Ormuz pasaban hasta veinte millones de barriles diarios.
La presión ya no se limita al ámbito energético. La Casa de Saud, uno de los pocos aliados ininterrumpidos de Washington desde 1945, parece quedarse sola. El príncipe Mohamed bin Salmán telefoneó a Donald Trump para solicitar una intervención militar en favor del gobierno de Adén, reconocido internacionalmente, pero el presidente estadounidense, ya ocupado con Irán y Ucrania, se limitó a ofrecerle información recopilada por satélites y escuchas. Turquía y Pakistán, con los que Riad firmó a principios de agosto el Pacto de Defensa de La Meca, también han rehusado implicarse, pese a que el ejército del aire saudí, con casi 400 aparatos, cuenta con numerosos asesores pakistaníes.
El fracaso saudí contrasta con la estrategia iraní de «destrucción mutua económica», aplicada desde marzo. Teherán lanza sus drones y misiles baratos, no contra portaaviones ni bases militares, sino contra campos de petróleo, puertos, desaladoras y centros de datos en los países árabes. El objetivo es que el colapso de estas economías, y por extensión el de la economía mundial, fuerce a Estados Unidos e Israel a un armisticio. Para evitar los ataques hutíes, la OTAN y varios países árabes han desplegado barcos y aviones, pero el tráfico marítimo sigue desplomándose.
La pesadilla de Riad es que los demás estados del Consejo del Golfo negocien con Irán una paz para reconstruir su economía, a pesar de las diferencias entre árabes y persas. Mientras, el precio del barril empieza a encarecerse y los efectos se suman al encarecimiento de los alimentos, los fertilizantes y los combustibles que se nota desde antes del verano. En el hemisferio norte se acercan el invierno y el tiempo de la siembra, lo que añade presión sobre los mercados. Si la situación se agrava, podrían implicarse en el conflicto Yibuti, donde hay bases militares de Estados Unidos, China, Japón, Italia y Francia, y Somalilandia, escindida de Somalia y solo reconocida por Israel.
La guerra económica total perjudica especialmente a los importadores de crudo de Asia y Europa. Rusia, por su parte, ha reducido la exportación de crudo en un tercio o más debido a los daños en sus refinerías y sufre desabastecimiento interno de combustible. Ucrania y Rusia también han disminuido la exportación de cereal a través del mar Negro por el mismo motivo. El riesgo de una crisis global, acompañada de inflación, paro y descontento, podría persuadir a las grandes potencias implicadas en los conflictos a buscar una salida negociada antes de que el daño sea irreversible.
