Ucrania y Rusia se encaminan a una guerra de desgaste energético en invierno
Moscú intensifica sus ataques contra la red eléctrica ucraniana y Kiev responde bombardeando refinerías rusas. La tregua energética anunciada por Trump nunca se materializó y los expertos descartan una negociación a corto plazo.
Por Elena Lozano
La guerra entre Rusia y Ucrania se adentra en el invierno sin perspectivas de paz y con un nuevo frente decisivo: la infraestructura energética. Moscú ha intensificado sus bombardeos contra la red eléctrica ucraniana, mientras Kiev responde atacando refinerías en territorio ruso. Ambas partes parecen dispuestas a mantener esta estrategia de desgaste que castiga tanto la capacidad militar del adversario como a la población civil.
La llamada tregua energética que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció como un acuerdo cerrado nunca llegó a materializarse. Moscú no la reconoció formalmente y Kiev siempre dudó de su viabilidad. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, justificó después que, como el pacto «no se llegó a concretar», Rusia no podía incumplirlo. Ucrania, por su parte, aseguró haber suspendido sus ataques durante tres días, pero los reanudó tras nuevos bombardeos rusos contra centrales termoeléctricas. «Hemos tenido suficiente», declaró el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.
Los ataques cruzados no han tardado en recrudecerse. Una refinería en la región de Riazán, a unos 200 kilómetros de Moscú, sufrió un incendio tras una ofensiva ucraniana. Rusia, entre tanto, lanzó 580 drones y dos misiles contra territorio ucraniano entre el miércoles y el jueves, según la Fuerza Aérea de Ucrania, en una operación que dejó al menos cinco muertos y nueve heridos, de acuerdo con las autoridades locales.
Para Ucrania, atacar las refinerías rusas supone debilitar el abastecimiento de las tropas invasoras y castigar económicamente al Kremlin. Para Moscú, los bombardeos contra las centrales eléctricas ucranianas son la forma más eficaz de aumentar la presión sobre Kiev cuando las bajas temperaturas hacen especialmente vulnerable a la población civil. El profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria, Armando Jiménez San Vicente, explica que «lo que hace que las guerras se terminen es la falta de recursos humanos o económicos». Sin embargo, advierte de que ese momento aún no ha llegado: «No hay condiciones propias en este momento de sentarse en un diálogo y un acuerdo. Ni en los discursos, ni en las condiciones, ni en las presiones, ni en el desgaste».
El papel de Washington en la mediación también genera dudas. Alberto Priego, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, califica las treguas propuestas por Trump como «treguas viciadas», en favor de una de las partes. «Parece que adopta la posición rusa», señala. Jiménez San Vicente considera que la campaña ucraniana contra las refinerías ha sido «en términos militares, bastante exitosa», porque ha distraído recursos económicos y debilitado el suministro de combustible a las tropas rusas. A su juicio, las presiones estadounidenses para detener estos ataques perjudican especialmente a Kiev.
El desgaste también afecta al interior de Rusia. Según este experto, el impacto de los ataques ya está obligando al Kremlin a vender recursos energéticos en el exterior para paliar sus problemas, lo que puede generar tensiones internas. La escalada energética, por tanto, tendrá consecuencias para ambos bandos en un invierno que se presenta como un pulso por la resistencia económica y social.
3
