Las últimas monjas de clausura de Vigo celebran cien años de la orden salesa
Cinco religiosas procedentes de África y dos españolas mantienen la vida contemplativa en el monasterio de las salesas de Vigo, que cumple un siglo de presencia en la ciudad y prepara la venta de repostería para sufragar gastos.
Por Elena Lozano
El monasterio de las salesas de Vigo conmemora cien años de presencia en la ciudad con una comunidad reducida a siete monjas de clausura: cinco procedentes de África y dos españolas. La orden, fundada por san Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal, se instaló en la ciudad olívica en 1926 y desde entonces mantiene una vida de oración, trabajo y silencio que apenas ha variado con el paso del tiempo.
La comunidad actual es el último reducto de la clausura en Vigo. Las religiosas apenas salen del convento y su contacto con el exterior se limita a lo imprescindible. Una de ellas resume su rutina con una frase que refleja la intensidad de su entrega: «Si salgo, parece que estoy perdiendo el tiempo». La televisión, según relatan, solo se encendió en una ocasión reciente: con motivo de la muerte del papa Francisco.
La jornada de las salesas se organiza en torno a la liturgia de las horas, la oración personal y las tareas manuales. Entre estas últimas destaca la elaboración de repostería, que la comunidad prepara para su venta al público. Esta actividad, además de contribuir al sustento del monasterio, se ha convertido en uno de los pocos puentes que mantienen con la sociedad viguesa. Los ingresos obtenidos se destinan al mantenimiento del edificio y a las necesidades básicas de las religiosas.
La procedencia africana de cinco de las siete monjas refleja un fenómeno que afecta a buena parte de las órdenes contemplativas en Europa: la progresiva disminución de vocaciones en el continente se compensa, en parte, con la llegada de religiosas de países africanos y asiáticos. En el caso de las salesas de Vigo, esta circunstancia ha permitido sostener la comunidad cuando otras congregaciones similares han tenido que cerrar sus puertas por falta de miembros.
El centenario de la orden en Vigo llega en un momento de incertidumbre para la vida contemplativa en España. La media de edad de las monjas de clausura no deja de aumentar y el relevo generacional no está garantizado. A pesar de ello, la comunidad salesa mantiene su rutina sin alteraciones y prepara los actos conmemorativos del siglo de historia, que incluirán encuentros con antiguas alumnas y personas vinculadas al monasterio a lo largo de estas décadas.
La venta de repostería, que ya es una tradición en el convento, se intensificará durante las fechas señaladas del aniversario. Las religiosas confían en que la celebración sirva para dar a conocer su labor y, quizá, despertar nuevas vocaciones. Mientras tanto, continúan con su día a día, ajenas al ritmo acelerado de la ciudad que las rodea, fieles a un carisma que cumple cien años en Vigo.
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