Mahoma definía la verdadera riqueza como el bien que el ser humano hace en este mundo
Una enseñanza atribuida a Mahoma sitúa la riqueza real en las acciones solidarias y en la ayuda que se presta a los demás, más que en los bienes que se poseen.
Por Elena Lozano
Una de las enseñanzas que la tradición islámica atribuye a Mahoma sostiene que la verdadera riqueza de una persona es el bien que hace en el mundo. La frase, recogida en fuentes religiosas y difundida ahora como curiosidad, desplaza el valor de la vida desde la acumulación material hacia la conducta con los demás. Su fuerza radica en que no mide al individuo por lo que posee, sino por lo que ofrece a quienes le rodean.
El planteamiento se vincula con la doctrina islámica y con la tradición de los hadices, las palabras y acciones del Profeta que sirven de guía a los creyentes. Dentro de esa tradición aparece como concepto central la sadaqa, la caridad voluntaria. Se trata de un gesto libre de ayuda hacia otras personas, no de una obligación económica, y su sentido se entiende a partir de la intención de quien da y del beneficio que recibe quien necesita.
Según esta lectura, la generosidad se mide por la ayuda efectivamente prestada y no por la cantidad de dinero gastado. Los pequeños gestos cuentan del mismo modo: compartir comida, dedicar tiempo o poner al servicio de otros una habilidad concreta contribuyen al bienestar colectivo. Esta forma de entender la riqueza implica que cualquier persona, sin importar su situación económica, puede aportar algo valioso a su comunidad.
La reflexión encaja con una idea recurrente en la ética religiosa, según la cual los bienes materiales son transitorios y lo que perdura es la huella que una persona deja en los demás. De ahí que el texto termine con una pregunta sencilla: cuando desaparecen las posesiones, ¿qué queda de una persona? La respuesta que sugiere la enseñanza es que queda el bien hecho, el único patrimonio que, desde esta perspectiva, no se pierde con el paso del tiempo.
Fuente: okdiario.com
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