Asaltan una churrería de A Coruña con una alcantarilla y se llevan unos 3.000 euros
Los ladrones usaron una rejilla de alcantarillado para reventar la cristalera del local Don Churro, en las galerías de Ramón y Cajal, y huyeron con la caja registradora antes de que llegara la policía. La propietaria calcula pérdidas de unos 3.000 euros más los daños materiales.
Por Elena Lozano
La churrería Don Churro, situada en las galerías de Ramón y Cajal, en A Coruña, sufrió un asalto en la madrugada de este jueves. Los ladrones utilizaron una rejilla de alcantarillado para reventar la puerta de cristal del establecimiento y se llevaron la caja registradora completa. En su interior había efectivo de la jornada anterior y dinero procedente de la recaudación de la lotería de Navidad, una cantidad que la propietaria, Yniris Douranian, calcula en unos 3.000 euros.
La alarma del local saltó a las 2.41 de la madrugada. La propietaria recibió el aviso y alertó a la policía, que respondió en apenas seis minutos. Sin embargo, los asaltantes ya habían huido. Dejaron tras de sí una cristalera destrozada y un golpe que, según relata la hostelera, apenas duró un par de minutos. «Tuvo suerte el atracador, porque había dinero en la caja que no se había retirado», explica Douranian.
La rejilla empleada para romper el cristal había sido retirada de una calle próxima, aunque, según la propietaria, estaba más lejos de lo que los ladrones habían pensado inicialmente. Ese detalle alimenta sus sospechas de que el autor material pudo contar con ayuda. «En el vídeo aparece una persona, pero seguramente alguien lo estaba esperando. Estoy pendiente de que me pasen las imágenes del pasadizo cercano, porque igual había alguien más esperando allí», relata. Por el momento, no puede confirmar que participaran más personas ni señala a ningún sospechoso.
Además del dinero sustraído, el negocio tendrá que asumir los desperfectos materiales. La reparación de la puerta y la reposición del terminal de punto de venta (TPV) elevan el coste del robo. La mañana de este jueves, Don Churro no pudo abrir sus puertas. La propietaria tuvo que pasar la madrugada custodiando el local, con la entrada destrozada, a la espera de la Policía Científica. Después llegaron las gestiones y los trámites para formalizar la denuncia.
«Somos pequeños comerciantes y vamos al día. Hay facturas que pagar y esta pérdida es importante», lamenta Douranian. No habla de una gran empresa con capacidad para absorber un contratiempo, sino de un establecimiento en el que cada jornada cuenta para cubrir los gastos. «Trabajamos 14 o 15 horas al día para vivir. ¿Para qué? Tanto sacrificio para que vengan un momento y te lo destrocen todo».
La investigación policial ha encontrado en una calle trasera una prenda de ropa con restos de sangre que podría pertenecer al autor del robo, que se habría cortado durante el asalto. Los agentes deberán determinar si existe relación entre esos restos y el responsable de los daños. La rápida respuesta policial no evitó, sin embargo, que el negocio quedara inutilizado a primera hora.
La propietaria asegura que no había observado nada extraño en los días anteriores. «No, no notamos nada raro», explica. Sobre el entorno, reconoce que se han producido otros incidentes en la zona vinculados a un narcopiso, aunque evita establecer una relación directa entre ellos y el asalto. «Ha habido cosas, pero por ahora no hay sospechosos».
Más allá de la cuantía económica, el golpe deja una sensación de vulnerabilidad difícil de cuantificar. La cristalera, que ocupa buena parte de la fachada, convierte la entrada en un punto especialmente expuesto. Douranian insiste en que lo peor es comprobar cómo el esfuerzo cotidiano puede venirse abajo en unos minutos. Ahora toca reparar los daños, recuperar la actividad y asumir los gastos. «Es un mal sabor muy grande», resume. Después, como tantos pequeños negocios que viven al ritmo de la caja diaria, queda una obligación: volver a levantar la persiana. «Hay que seguir».
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