El ingreso mínimo vital en España se queda corto para salir de la pobreza
El IMV reduce la intensidad de la pobreza, pero sus cuantías no alcanzan el umbral de riesgo y no bastan para que los beneficiarios superen la línea de pobreza, según los datos de la AIReF y las recomendaciones europeas.
Por Elena Lozano
El Ingreso Mínimo Vital (IMV) no logra sacar a sus beneficiarios de la pobreza en España. Aunque la prestación ha reducido la intensidad de la pobreza en un 30,3% en 2024, según los últimos datos de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), sus cuantías se quedan por debajo del umbral nacional de riesgo de pobreza. Así lo refleja un análisis comparado de los sistemas de rentas mínimas en Europa, que evidencia una paradoja común: las ayudas alivian la carencia, pero no proporcionan ingresos suficientes para cruzar la línea que mide la exclusión.
El caso de Ana Hernández ilustra esa realidad. Vive sola en La Palma, en lo que fue el lavadero de la casa de sus padres y que ha reformado con sus propias manos. Cobra unos 700 euros al mes: una parte procede del IMV y el resto lo completa la Renta Canaria de Ciudadanía. Desde la pandemia ha encadenado temporadas como limpiadora con otras en las que se ha quedado «a cero euros» y ha tenido que recurrir a la prestación. «Aquí la cuestión es adaptarse. Una persona se acostumbra a vivir con poquito», relata.
España no es una excepción en el diseño de estas ayudas, pero sí en algunos de sus requisitos. La edad mínima para solicitar el IMV es de 23 años, frente a los 25 de Francia para el RSA o los 18 de la mayoría de países. También cambia el tiempo de residencia exigido: un año en España, cinco en Italia o Francia y nueve en Dinamarca. Lo que comparten casi todos los sistemas es que la cuantía se calcula por hogar, no por persona, y varía según la unidad de convivencia.
Para una persona que vive sola, la cuantía máxima del IMV alcanza los 733 euros mensuales, por encima de los 200 euros de Portugal o Grecia, los más de 500 de Alemania y los cerca de 600 de Francia, pero lejos de los más de 1.000 euros de Bélgica, Países Bajos o Luxemburgo. En hogares con dos adultos y dos menores, la horquilla europea se amplía hasta los 4.000 euros, aunque en la mayoría de países ronda los 1.000. Estas cifras, sin embargo, dicen poco por sí solas: su alcance real depende del nivel de renta y del coste de vida de cada país.
La Comisión Europea constata en un documento de 2025 que «las ayudas económicas no son suficientes para sacar a las personas de la pobreza» y anima a los Estados a equiparar las cuantías con el umbral de pobreza o con el valor monetario de los bienes y servicios esenciales. Cáritas Europa va más allá y defiende que los programas de rentas mínimas deberían alcanzar al menos el 75% del umbral nacional de pobreza para todos los tipos de hogar. El sociólogo José Antonio Noguera lo resume: «Es imposible que baje muchísimo la tasa de pobreza con estas cuantías».
No obstante, el experto subraya que la prestación sí tiene efecto. Si el umbral está en 900 euros, una persona con 600 seguirá contando como pobre aunque la ayuda eleve sus ingresos hasta los 899; la diferencia es que antes le faltaban 300 euros para alcanzar la línea y ahora solo uno. Esa reducción de la intensidad de la pobreza, del 30,3% en 2024, se ha logrado gracias al IMV y también a otras rentas mínimas autonómicas. El reto pendiente es que las cuantías permitan, además de aliviar, salir de la exclusión.
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