La IA pone en entredicho el Plan Bolonia y los TFG
El 80% de las universidades ve necesario modificar los planes de estudio ante la irrupción de la inteligencia artificial, mientras expertos cuestionan el sentido de los trabajos de fin de grado tal y como se conciben actualmente.
Por Inés Benítez
La irrupción de la inteligencia artificial en la educación superior ha abierto un debate profundo sobre la vigencia del Plan Bolonia y, en particular, sobre el sentido de los trabajos de fin de grado (TFG). Un reciente estudio de la Fundación CYD revela que el 80% de las universidades españolas considera necesario modificar los planes de estudio ante esta tecnología, y el 63,9% sitúa la adaptación de la evaluación como la prioridad pedagógica más urgente.
El catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, Julio González, es tajante: «Los TFG hoy no tienen sentido. Cuando se dirigen trabajos de fin de grado, el elemento central hoy es ver dónde ha metido la IA». En un artículo en el que analiza por qué la IA ha roto la evaluación universitaria, González advierte de que «la inteligencia artificial ha alterado todo el sistema y el problema mayor es que no se habla de las consecuencias».
Lejos de defender su prohibición, el catedrático aboga por emplear la IA como «un instrumento más de conocimiento», equiparable a un libro. «Los estudiantes no están aprendiendo lo que tienen que aprender porque buscan caminos para aprobar y no para aprender», explica. A su juicio, el mal uso de la IA equivale a copiar, una práctica que no está regulada y que constituye un problema de fondo. «En clase no se enseña a usar la IA como un instrumento de conocimiento. La IA es extraordinaria para aprender, no para copiar», subraya.
González insiste en que el estudiante debe ser consciente de que la IA es una herramienta que se equivoca y que el resultado del trabajo ha de ser propio. «En el mercado laboral, o eres capaz de dar respuestas profesionales, o desaparecerás», sentencia. La diferencia, añade, la marcará quien sepa usar la IA como un libro, para estudiar, analizar y dar respuestas, frente a quien se limite a hacer un copia y pega.
Desde la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), su vicerrector de Organización y Planificación Académica, Rubén González, comparte la necesidad de un uso adecuado, pero no considera que el Plan Bolonia haya quedado obsoleto. «No es tanto poner en discusión si el Plan Bolonia se ha quedado obsoleto, sino cómo hacemos para que el estudiantado y las personas que utilizan la inteligencia artificial como una herramienta de soporte en su trabajo o para aprender, la usen de manera correcta y adecuada», señala.
Para salvaguardar el proceso evaluativo, la UNIR ha introducido en la evaluación continua la posibilidad de «interpelar al estudiante en cualquier momento» mediante un examen oral que confirme que ha adquirido verdaderamente los conocimientos. También han modificado los trabajos solicitados, que ahora adoptan un enfoque teórico-práctico e incluyen razonamientos y soluciones. González define la IA como «un compañero que potencia lo que puedes aprender», pero subraya la importancia de la supervisión humana. Como ejemplo, menciona que los estudiantes de Psicología ya se entrenan con casos prácticos elaborados por docentes con IA para llegar mejor preparados a las prácticas reales.
Respecto al TFG, el vicerrector de la UNIR opina que «con una buena dirección aporta valor» al estudiante. «Al final hay que defender el TFG ante un tribunal, y ahí se nota mucho quién ha trabajado y quién no. Enfrentarse a un momento así, para un estudiante de 20 o 21 años, supone un reto que forma parte de su formación, otra cosa es cómo lo hace», matiza.
En paralelo, la Comisión de Ciencia, Innovación y Universidades del Congreso de los Diputados ha aprobado una iniciativa de Sumar para crear un espacio de reflexión y gobernanza compartida que integre de forma responsable la inteligencia artificial en el Sistema Universitario Español. Una medida que llega mientras las universidades intentan adaptarse a una tecnología que, como señalan los expertos, ha llegado para quedarse y exige repensar no solo los métodos de evaluación, sino también el propósito mismo de la formación universitaria.
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