Bardem y Cruz presentan en Venecia «Búnker», una película sobre la venta de principios
Los actores españoles estrenan en la Sección Oficial del Festival de Venecia su octava película juntos, dirigida por Florian Zeller. El filme aborda la crisis de un matrimonio ante un encargo millonario y ha provocado un encendido debate político entre sus protagonistas.
Por Marcos Esteban
Javier Bardem y Penélope Cruz han presentado en la Sección Oficial del Festival de Venecia «Búnker», la nueva película de Florian Zeller, que supone el octavo encuentro en pantalla de la pareja desde que coincidieran por primera vez en «Jamón Jamón». El filme, uno de los más esperados del certamen, ha recibido una tremenda ovación por parte de la sala de prensa y ha reabierto el debate sobre el papel político de los artistas en un festival donde las preguntas sobre este asunto suelen incomodar a cineastas e intérpretes.
La cinta, una adaptación libre de «El hombre de al lado» de los argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn, convierte la acidez del original en un tenso duelo interpretativo entre los dos actores españoles. Dan vida a un matrimonio sumido en una crisis que no se atreven a explicitar, y que estalla cuando él, un arquitecto de éxito, recibe un encargo irresistible: construir un búnker para un magnate tecnológico a cambio de una millonada. Un pacto con el diablo que le obliga a vender sus principios y que se convierte en la gota que colma el vaso del hastío de la rutina conyugal.
Nada más comenzar la rueda de prensa, Zeller explicó por qué había elegido a la pareja para protagonizar su filme. Primero, dijo, «porque están entre los mejores actores del momento»; después, porque le interesaba que fueran pareja en la vida real para «captar algo especial, darle capas y desdibujar los límites entre realidad y ficción». El director, que debutó tras las cámaras con la aclamada «El padre», los definió como «sin miedo y ambiciosos» y se rindió, como todos, a su talento.
La prensa agradeció que, en un contexto donde muchos evitan pronunciarse, ellos no tengan reparo en hablar de política. Fue Penélope Cruz quien dio la respuesta más contundente: «Sería contradictorio estar aquí, con una película como esta, y decir que no quiero hablar de política. De lo que habla esta película nos involucra a nosotros y a las nuevas generaciones». La actriz se refería a los temas que atraviesan el filme: el miedo al otro, los principios morales del artista, el poder de los oligarcas y el machismo.
Bardem secundó sus palabras y añadió que «seas fontanero, taxista o actor tienes derecho a decir lo que consideras importante». El intérprete subrayó que, al tener un micrófono delante, su responsabilidad es diferente, pero insistió en que «tengo una responsabilidad con el mundo en que vivimos, y no doy nada por asegurado». El punto de partida del guion llegó de una noticia real que leyó el director sobre un multimillonario que había hecho fortuna conectando a la gente virtualmente y que, en secreto, trabajaba en un búnker privado.
Esa ironía entre la vida pública y la privada del magnate sirvió a Zeller para hablar de algo más anclado a la realidad: «Al final todos vivimos en un búnker de un grado u otro debido al estilo de vida que abrazamos cada vez más y que es el que promocionan esos multimillonarios que nos crean una ilusión de que no necesitamos a los demás». Cruz, por su parte, confesó sentir «pena y rabia» al comprobar que cada día «nos utilizan más como marionetas». «Creo que es obvio que quienes toman las decisiones se pueden contar con los dedos de una mano, y ese grado de manipulación es muy triste y va tan rápido que no da tiempo a reaccionar», lamentó.
La actriz se mostró preocupada por el futuro que dibujan esos empresarios tecnológicos, especialmente cuando hablan de que «la gente va a tener mucho tiempo libre después de cargarse un montón de puestos de trabajo». «¿Cómo tienen la desfachatez de decir eso? ¿Tiempo libre para hacer qué? Para mí el tiempo libre sin propósito, y más si hablas de gente joven, es una depresión profunda», reflexionó. Aun así, depositó su esperanza en las nuevas generaciones: «La gente joven se da más cuenta de lo que pensamos de estas trampas. Hay que darles ese valor, porque hablan más de política que antes. Yo lo percibo así».
Bardem cerró su intervención señalando que «la moralidad de aquellos que trabajan para crear diferencias para que no conectemos física y mentalmente con la gente es una falta de moralidad». El filme, que cuenta con la productora española Mod entre sus responsables, habla de la «necesidad de conectar con los otros». Una de las razones que llevó a la pareja a aceptar el proyecto fue que, por fin, sus personajes podían hablar como lo harían en la vida real: en español en la intimidad y en inglés con los extraños. Un matiz que, como reconocieron, «hace 15 años era un reto encontrar producciones así».
