Pérez-Reverte: «Europa se deleita mirando su reflejo moral sin asumir que ya no manda»
El escritor Arturo Pérez-Reverte, a sus 74 años, reflexiona sobre la pérdida de influencia de Europa en el mundo y el final de una época que considera suya, sin dramatismo pero con curiosidad.
Por Elena Lozano
El escritor Arturo Pérez-Reverte, a sus 74 años, ha compartido una reflexión crítica sobre el papel actual de Europa en el mundo. En un artículo difundido en sus redes sociales, el autor de «El club Dumas» o «La Reina del Sur» sostiene que el continente se deleita mirando su reflejo moral en el escaparate sin asumir que ya no manda, no produce y no decide. Para Pérez-Reverte, el nuevo orden mundial no es ideológico ni épico, sino operativo, y Europa ha quedado relegada a un segundo plano.
La reflexión parte de una anécdota cotidiana: una escapada para preparar tabulé que termina en la tienda de un comerciante chino llamado Antonio, su mujer Carmen y su empleado Abu. Al ver cómo el dueño reprendía a Abu por traer demasiado perejil, el escritor extrajo una conclusión sobre el poder real. «Para hacerse dueños del pueblo, la ciudad o el mundo no necesitan retóricas chorras. Les basta con la caja registradora, su cliente de las nueve de la mañana y, en cuanto pueden permitírselo, un Abu que les suba el perejil», escribió. A partir de ahí, lanzó su diagnóstico: «Creyendo que vivimos en el Primer Mundo porque hay pan caliente y perejil fresco a las nueve de la mañana. Ajenos a que el nuevo orden no es ideológico ni épico, sino operativo».
En una entrevista concedida a La Nación, Pérez-Reverte profundizó en esta idea y afirmó que Europa ha perdido su influencia moral. «Europa hubo un tiempo, y duró mil o dos mil años, en que fue una luz. Europa fue el referente moral, todo el mundo quería imitar Europa», recordó. El escritor considera que el problema no se limita a la pérdida de peso geopolítico, sino que también afecta a la autoridad cultural y moral que durante siglos estuvo vinculada al continente. Llegó a definir Europa como «un parque temático para turistas», una imagen que ilustra con escenas habituales como los visitantes fotografiándose ante el acueducto de Segovia o el Vaticano. Para él, estos monumentos son símbolos de una grandeza pasada que ya no conserva la misma capacidad de influir en el presente.
Pérez-Reverte evita el dramatismo al hablar del final de su mundo. «Yo nací en el año 1951. Mis abuelos nacieron en el siglo XIX. Fui educado para un mundo que ya no existe, con lo bueno y con lo malo. Tenía cosas buenas y tenía cosas malas, pero era mi mundo. Ahora, estoy asistiendo de una manera muy interesada al final de un mundo que es el mío. Lo digo sin dramatismo, lo veo con curiosidad. Son las reglas», explicó. Sobre su propia vida, sentenció: «No sé qué me queda de vida, cinco o seis años, tres, como mucho. Tampoco quiero ir más allá». Aun así, admite que contemplar esta transformación tiene algo de fascinante: «Ver cómo se va desmoronando todo lo que parecía inmutable desde hace veinte siglos es un espectáculo interesantísimo».
La trayectoria literaria de Pérez-Reverte, con obras como «El capitán Alatriste» o «La Reina del Sur», lo ha consolidado como uno de los escritores españoles más reconocidos de las últimas décadas. Sus reflexiones sobre Europa se suman a un debate más amplio sobre el papel del continente en un mundo cada vez más multipolar, donde potencias como China o Estados Unidos marcan el ritmo económico y político. El autor, que se define como parte de una generación formada en un contexto prácticamente desaparecido, observa con curiosidad cómo se desmoronan certezas que parecían inmutables.
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