El calor extremo en Europa dispara el precio del trigo y amenaza el pan
Las olas de calor récord en Europa han hundido las cosechas de cereales y disparado los precios del trigo, con efectos directos en el pan, la pasta y otros alimentos básicos. La sequía también bloquea el transporte fluvial y agrava una crisis alimentaria global.
Por Inés Benítez
La ola de calor que azota Europa ha puesto en jaque uno de los alimentos más básicos de la dieta occidental: el trigo. Las temperaturas récord registradas este verano han abrasado los campos del continente y hundido las cosechas de cereal, lo que anticipa un encarecimiento notable del pan, la pasta y los cereales de desayuno. El problema no se limita a la guerra en Ucrania, que ya había alterado los flujos de exportación del Mar Negro; ahora el cielo se suma a la ecuación con unas condiciones climáticas extremas que amenazan con elevar aún más el coste de la cesta de la compra.
Los datos confirman la magnitud del impacto. El Índice de Precios de Cereales de la FAO promedió 113,8 puntos en julio, un 3,4% más que en junio y un 6,9% por encima del nivel del año anterior. El precio mundial del trigo subió un 5,8% en el mes y se sitúa un 9,9% por encima de su valor de 2025. A más largo plazo, Oxford Economics prevé que los precios mundiales de los alimentos aumenten un 11,8% en 2026, con el trigo a la cabeza: un 36% más caro interanual, hasta los 6,92 dólares por bushel en el tercer trimestre del año. Estos incrementos se producen en un momento en que la comida ya venía encareciéndose por la inflación y las disrupciones logísticas.
El Servicio de Cambio Climático de Copernicus confirma que junio y julio dejaron una temperatura media de 21,62 °C en Europa occidental, unos 2,79 °C por encima de lo habitual, superando el récord anterior de 2022. Julio fue, además, el mes más cálido jamás registrado en la superficie de los océanos no polares, con el Mediterráneo occidental y el Atlántico en valores inéditos. El continente europeo es el que más rápido se calienta del planeta, encadenando cinco olas de calor y superando los 40 °C en amplias zonas. «Los persistentes sistemas de alta presión atraparon el calor sobre Europa occidental y amplificaron la sequía generalizada», explica Samantha Burgess, del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio.
Ese calor extremo ha tenido consecuencias devastadoras. Los incendios forestales han quemado más de 497.000 hectáreas, sobre todo en España, Francia e Italia, según el balance de la Unión Europea del pasado 6 de agosto. Cientos de miles de personas han tenido que abandonar sus casas, y más de 25.000 han muerto por el calor en Europa este año, según datos recopilados por Bloomberg. El fenómeno de El Niño, que se está desarrollando en el Pacífico, multiplica la probabilidad de episodios extremos en medio mundo. El mismo calor que arrasó los bosques ha resecado los campos y vaciado los ríos, y el poco cereal que llega a cosecharse resulta ahora mucho más caro de transportar.
La sequía ha dejado el Rin y el Danubio en mínimos históricos. A mediados de agosto, el aforo del Rin en Kaub marcó apenas 12 centímetros, muy por debajo del récord de 2018 y en niveles no vistos desde que empezaron los registros oficiales en 1880. Con tan poca agua, las barcazas navegan cargadas al 20% de su capacidad y los fletes fluviales se han disparado hasta rozar los 150 euros por tonelada. El Danubio, que mueve cerca del 8% del transporte de mercancías de la UE, arrastra el mismo problema. A finales de julio, el 78% de sus estaciones de aforo registraba niveles extremadamente bajos, y el grano que sale de Ucrania y Rumanía hacia el mar Negro se resiente. La producción industrial alemana ya ha caído un 1% por el atasco logístico.
Las cosechas se resienten en medio continente. Coceral, la patronal europea del comercio agrícola, recortó en julio su previsión de cosecha de cereal para la UE y el Reino Unido hasta 286,6 millones de toneladas, frente a los 310 millones que se manejaban anteriormente. Francia, primer productor comunitario de trigo, anticipa menores rendimientos por el calor, y Alemania da por perdida en torno a un 7% de su cosecha. La sequía ya ha costado a los agricultores alemanes más de 600 millones de euros, y casi tres cuartas partes de Inglaterra están declaradas en situación de «sequía repentina». Australia, otro gran exportador, sembró menos superficie por el elevado coste de los fertilizantes derivado del cierre del estrecho de Ormuz. Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos afronta su peor cosecha de trigo desde 1970, lastrada por una sequía severa en las Grandes Llanuras; el trigo blando estadounidense se ha encarecido casi un 25% en los primeros siete meses del año.
El impacto no es solo económico. Pocas cosas pesan tanto en política como el precio del pan. La FAO situó el trigo en julio en su nivel más alto en tres años y advierte de nuevas subidas si las condiciones climáticas no mejoran. El efecto dominó que empieza en la atmósfera y termina en el supermercado amenaza con agravar la inseguridad alimentaria en un contexto global ya tenso por la guerra y la inflación.
