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Evolut

31 de agosto de 2026

Economía 5 min

El error de los padres al ahorrar para sus hijos: mezclar todo el dinero en una misma cuenta

Abrir una cuenta infantil y meter todo el dinero sin separar objetivos es un error habitual. Los expertos recomiendan dividir el ahorro en dos huchas: la de los padres para el futuro del hijo y la del niño para su educación financiera.

La mayoría de los padres que quieren asegurar el futuro financiero de sus hijos comete el mismo error: abrir una cuenta infantil y empezar a ingresar dinero sin una planificación previa. Sobre el papel, esta decisión es mejor que no hacer nada, pero en la práctica puede convertirse en una complicación cuando en esa misma cuenta se mezclan la paga del menor, los regalos de los familiares y el dinero destinado a la universidad. No es lo mismo el dinero que el niño debe aprender a gestionar que el capital que los padres reservan para ayudarle en el futuro, y confundir ambos conceptos puede generar problemas a largo plazo.

El primer paso antes de elegir cuenta, fondo o producto de inversión es separar dos conceptos: el dinero del niño y el dinero que los padres quieren usar para apoyarle más adelante. El destino de ese dinero condiciona tres decisiones clave: a nombre de quién estará, cuándo podrá usarlo el menor y qué producto tiene más sentido para cada caso. Una cuenta de ahorro infantil para que aprenda a gestionar su dinero no cumple la misma función que una cuenta de inversión infantil o que una cartera destinada a sufragar estudios superiores. Si no se diferencia desde el principio, todo termina en el mismo sitio y puede parecer que está ordenado cuando en realidad cubre objetivos distintos.

La forma más sencilla de evitar esa mezcla es separar el dinero en dos huchas o compartimentos. La primera hucha es la de los padres para el hijo: aquí entra el dinero para la universidad, un máster o cualquier ayuda futura que los padres quieren que dependa exclusivamente de ellos. Es un capital que forma parte de la planificación familiar y sale del presupuesto de los progenitores. La segunda hucha es el dinero del niño, que además estará a nombre del menor: está compuesta por la paga, los regalos de familiares o pequeñas cantidades que se le dan y que serán suyas. Este dinero servirá para cubrir gastos y también para que aprenda a ahorrar e incluso a invertir, adquiriendo buenos hábitos financieros.

Separar el dinero en dos partes no complica la gestión del ahorro de los niños. Al contrario, ayuda a que cada cantidad tenga una función clara. La primera hucha permite a los padres planificar con más calma y conservar margen para decidir cómo y cuándo ayudar. La segunda enseña al niño a tomar decisiones con importes asumibles, de forma que si se equivoca, lo haga con poco dinero sin afectar a la planificación familiar. Además, existe un componente legal: en una cuenta a nombre del menor, el dinero es suyo, y cuando cumpla 18 años podrá hacer con él lo que quiera. Los padres solo lo gestionan hasta que el hijo es mayor de edad.

El problema surge cuando en esa cuenta a nombre del menor hay demasiado dinero porque también están los ahorros para la universidad. Hasta los 18 años, los tutores gestionan el capital, pero después el hijo podrá darle el uso que quiera, incluido gastárselo en unas vacaciones en lugar de costear sus estudios. Eso generaría dos problemas: uno financiero, al tener que buscar otra vía para pagar la formación, y otro familiar. Por eso, la hucha del niño debería recoger únicamente el dinero que se quiere que aprenda a gestionar y que esté a su nombre con 18 años, con una función más educativa que de apoyo real para grandes gastos futuros.

Esa hucha educativa sirve para que el menor se familiarice con la gestión financiera y con decisiones sencillas como gastar ahora, esperar, ahorrar para algo concreto o ver cómo crece su dinero con el tiempo. También puede servir para introducirle en el mundo de la inversión con una cuenta de inversión infantil, no para que empiece a invertir antes de tiempo, sino para que interiorice conceptos como el interés compuesto o el largo plazo. Para ello suele ser más útil una pequeña inversión fácil de seguir que una gran cartera sin que participe en el proceso. La segunda hucha, en cambio, recoge el dinero que los padres reservan para decisiones y gastos importantes de futuro: estudios, formación, una estancia en el extranjero, un máster o una ayuda para comprar una vivienda.

Marcos Esteban

Autor

Cronista deportivo

Marcos Esteban cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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