Un carpintero de 48 años constata que el precio de cambiar una puerta se ha duplicado
Luis, carpintero con más de 25 años de oficio, asegura que una puerta interior que antes costaba unos 120 euros instalada ahora supera los 250 euros, por el encarecimiento de la madera, los herrajes y los acabados.
Por Iván Serrano
Una puerta interior que hace unos años podía instalarse por unos 120 euros ya supera con frecuencia los 250 euros. Así lo constata Luis, carpintero de 48 años que lleva más de 25 dedicado al oficio y que lo nota cada vez que prepara un presupuesto. La subida se vuelve especialmente visible cuando el cliente quiere sustituir varias puertas a la vez, porque la diferencia en la factura crece con cada unidad.
Luis resume el cambio con una frase: «Antes instalaba puertas por unos 120 euros la unidad, ahora pasan de 250 euros sin problema». El carpintero subraya que no se trata solo de una decisión de cobrar más, sino de que el material que compra para realizar el trabajo también ha encarecido de forma considerable. En una reforma completa, el gasto en siete puertas, que antes podía resultar asumible dentro de una obra, puede acercarse a los 2.000 euros o superarlos.
El precio final depende del modelo, de las medidas y del estado de los marcos. Las referencias de precios que manejan distintas plataformas de reformas reflejan esa variedad: una puerta interior instalada puede encontrarse desde algo más de 200 euros, mientras que algunas opciones lacadas o de mayor calidad alcanzan los 400 o 500 euros.
Según explica Luis, muchos clientes perciben el cambio de una puerta como un trabajo rápido que consiste en retirar la antigua y colocar la nueva. Sin embargo, en una vivienda real hay que comprobar medidas, marcos y niveles antes de montar nada. En pisos con bastantes años es habitual encontrar problemas que no se ven hasta empezar: un premarco torcido, una pared que no está completamente recta o una puerta que necesita ajustes para cerrar bien. Después llegan las bisagras, las molduras, los tiradores y los remates. Si alguno de esos pasos se hace con prisas, el resultado se nota pronto, con puertas que rozan el suelo, cierres que no encajan o holguras que acaban dando problemas. Ese tiempo también se cobra.
El encarecimiento tiene varias causas. El precio de la madera ha subido, y tableros, molduras y otros productos derivados cuestan más que hace unos años. Los fabricantes, además, han asumido mayores costes de electricidad, transporte y producción. A ello se suman los herrajes: una puerta no se compra solo como hoja de madera, sino que necesita bisagras, marco, manillas, cerradura y otras piezas para quedar terminada, y cualquier acabado más sofisticado eleva la cifra.
Los gustos también han cambiado. Las puertas blancas lacadas se han convertido en una elección muy habitual, al igual que los tiradores negros, los diseños con ranuras o los sistemas más discretos. Frente a las puertas lisas tradicionales, estos acabados suelen exigir más trabajo y materiales de mayor precio.
Para entender el incremento basta con hacer cuentas. Si cada puerta ronda los 250 euros, siete unidades suman ya 1.750 euros. Basta con añadir un modelo más caro, un marco que necesite reparación o un acabado especial para que el presupuesto supere fácilmente los 2.000 euros. Por ello, conviene revisar qué incluye exactamente el precio antes de aceptar el trabajo. Un presupuesto puede contemplar la retirada de la puerta antigua, mientras que otro la cobra aparte, y lo mismo ocurre con las molduras, el transporte o la retirada de residuos.
El testimonio de Luis muestra cómo ha cambiado el oficio y sus precios. Para él, la comparación más clara sigue siendo la misma: hace años podía cobrar alrededor de 120 euros por instalar una puerta, y hoy esa cifra se ha quedado muy atrás.
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