Los adiestradores caninos insisten en educar al perro desde cachorro para evitar problemas de conducta
Fran Estévez, adiestrador con dos décadas de experiencia, advierte de que la mayoría de los problemas de comportamiento se podrían haber prevenido con una educación temprana. La ansiedad por separación, los tirones de correa o la falta de llamada son algunas de las conductas más habituales.
Por Iván Serrano
La educación de un perro no empieza cuando aparece el primer problema, sino mucho antes. Esa es la idea que defiende Fran Estévez, adiestrador canino con cerca de dos décadas de experiencia al frente de su propia escuela, donde ofrece adiestramiento a domicilio y programas personalizados. Su mensaje es claro: «Cuanto antes se establezcan unas buenas bases de comportamiento, educación y obediencia, más fácil será prevenir futuros problemas de conducta».
Estévez sostiene que la mayoría de los conflictos que atiende cada semana podrían haberse evitado con un trabajo temprano. Sin embargo, muchos propietarios no le dan importancia a los primeros meses de vida del animal hasta que el problema ya está asentado. El especialista compara el aprendizaje de los perros con el de las personas: los primeros momentos son clave para adquirir hábitos y sentar las bases de una buena convivencia. Lo que no se corrige a tiempo tiende a repetirse.
Uno de los errores más frecuentes que observa es dejar pasar las primeras señales de un comportamiento inadecuado, confiando en que desaparecerán solas, o recurrir antes a los consejos de familiares y amigos que al criterio de un profesional. «La conducta ya está muy asentada y requiere un trabajo más profundo de modificación», explica el adiestrador. Cuando finalmente se pide ayuda, corregir lo que pudo haberse prevenido resulta mucho más costoso.
Entre los problemas más habituales que trata está la ansiedad por separación. Hay perros que, en cuanto sus dueños salen de casa, sufren niveles altos de estrés porque no saben gestionar la situación. Esto se traduce en ladridos, lloros o destrozos mientras están solos. Estévez también señala la excesiva humanización como un factor que puede influir: «No diría que es la causa principal, porque de hecho hemos realizado estudios y no siempre tiene relación directa, pero sí es cierto que en muchos casos los animales generan una dependencia excesiva hacia sus propietarios».
Los problemas de educación no se quedan dentro de casa. Durante los paseos son comunes los tirones de correa o que el perro, una vez suelto, no acuda cuando su dueño lo llama, algo que puede resultar peligroso cerca de una carretera o de otros animales. Aun así, no existe una fórmula única válida para todos los casos. «No existen dos perros iguales», recuerda Estévez, ya que cada uno presenta dificultades que hay que entender y trabajar por separado.
Precisamente por eso, el adiestrador valora positivamente que cada vez más personas contacten con un profesional justo después de adoptar o comprar un cachorro, antes incluso de que aparezcan los primeros conflictos, en lugar de esperar a que la convivencia se vuelva complicada. La clave, insiste, está en adelantarse: educar desde el principio resulta mucho más sencillo que intentar corregir, años después, una conducta que el perro ya ha convertido en costumbre.
