Un podólogo advierte de los riesgos de cambiar a calzado 'barefoot' a niños con la marcha ya formada
El calzado respetuoso o barefoot gana terreno entre las familias, pero el podólogo Gabriel J. Dávila advierte de que un cambio brusco en niños de 7 u 8 años acostumbrados al zapato convencional puede provocar lesiones. La transición debe ser progresiva y supervisada por un especialista.
Por Elena Lozano
El calzado barefoot o respetuoso, diseñado para imitar la pisada descalza, se ha convertido en una de las tendencias más comentadas entre los padres que preparan la vuelta al colegio. Sin embargo, el podólogo Gabriel J. Dávila, director de DM Clínicas de podología infantil, advierte de que este tipo de zapato no es una solución universal y que un cambio mal planificado puede acarrear problemas de salud en los menores.
Dávila reconoce que, aunque todavía no existe una evidencia científica sólida que respalde el movimiento barefoot, la práctica clínica demuestra beneficios claros en determinados pacientes y condiciones. «Durante el desarrollo de los niños, mientras más libertad de movimiento y de apoyo tenga el pie, más capacidad de utilización de los músculos internos del pie tienen los niños porque no se les atrofian», explica. Al evitar que la musculatura quede aprisionada en estructuras rígidas, los pequeños ganan fuerza y mejoran su propiocepción, es decir, la capacidad de percibir el suelo y mover los dedos con naturalidad.
El verdadero riesgo no está en el concepto del calzado en sí, sino en la forma de adoptarlo. El especialista señala que el punto de rotura aparece cuando se cambia repentinamente de un zapato convencional a uno respetuoso sin ningún tipo de adaptación. «Si nosotros empezamos desde pequeñitos a ponerle un calzado libre, adaptado, probablemente luego no tengamos problema. El problema es cuando niños de 7 u 8 años que ya tienen una marcha relativamente formada y toda la vida han utilizado calzado convencional, los papás les quieren cambiar al barefoot: ahí habría que seguir un proceso adaptativo», detalla.
Al retirar la estructura del calzado tradicional, el pie del niño asume de golpe toda la responsabilidad del movimiento y la fuerza sin haberla ejercitado en los años anteriores. Esta exigencia repentina suele derivar en lesiones músculo-esqueléticas recurrentes que los podólogos ven a diario en consulta, como problemas en el tendón de Aquiles, fasciopatía o impactos en el talón. Por eso, Dávila insiste en que, antes de dar el salto en edades avanzadas, es imprescindible analizar cómo camina el menor, cómo se mueve y qué tipo de pie tiene, para iniciar una transición progresiva y segura.
Para la rutina escolar, el zapato barefoot se presenta como un aliado excelente, tanto para estar en clase como para salir al recreo o ir y volver del colegio. La línea roja se marca en la práctica deportiva intensa. Para disciplinas como el baloncesto, el fútbol o el tenis, el especialista recomienda zapatillas técnicas específicas que respondan a las altas exigencias mecánicas de cada deporte, ya que el calzado respetuoso no está pensado para soportar esos impactos.
En cuanto a la oferta comercial, Dávila valora que la mayoría de los modelos que se venden bajo la etiqueta barefoot en tiendas conocidas cumplen con lo prometido. Eso sí, comparte tres directrices básicas que él mismo aplica al comprar el calzado de su hijo: una flexibilidad total, con una suela que se pueda arrugar con la propia mano; una zona delantera anatómica que respete la forma del pie; y un espacio interior con altura suficiente para que los dedos no vayan aprisionados y tengan amplitud de movimiento.
A pesar de los beneficios observados clínicamente, el podólogo subraya que no existe una fórmula mágica aplicable a todos los niños por igual. El calzado óptimo dependerá de la morfología de cada menor, ya que hay pies planos y pies cavos, y cada uno requiere una atención distinta. «Ante la duda, siempre es recomendable una consulta rápida con un podólogo», concluye, para que los padres tomen una decisión informada y adaptada a las necesidades reales de sus hijos.
