El Niño de 2026 se convierte en un superNiño y amenaza con un invierno más frío en Europa
El fenómeno climático, que comenzó en junio, ya supera los registros del superNiño de 1997-1998 y podría desencadenar un calentamiento estratosférico repentino que llevaría frío extremo al sur de Europa.
Por Iván Serrano
El Niño de 2026 ha alcanzado la categoría de superNiño, un fenómeno climático de intensidad excepcional que, según los modelos actuales, podría convertirse en el más poderoso jamás registrado. El evento, que comenzó en junio, se caracteriza por temperaturas del agua superiores a la media a lo largo del ecuador en el océano Pacífico, con anomalías que ya superan los tres grados por encima de lo normal y picos que podrían alcanzar los cuatro grados. Esta intensidad anómala ha llevado a los científicos a advertir sobre un posible invierno más crudo de lo habitual en Europa.
Los indicadores habituales de El Niño han superado con creces los récords anteriores. Tomando como medida la anomalía térmica en los 300 metros superiores del océano Pacífico ecuatorial, el episodio actual ya supera el registrado durante el superNiño de 1997-1998. «Es ya el más intenso registrado en la era moderna», afirma James Hansen, físico y climatólogo estadounidense, exdirector del Instituto Goddard de la NASA y profesor de la Universidad de Columbia. En un texto firmado en agosto junto a Pushker Kharecha, Dylan Morgan y Jasen Vest, Hansen sostiene que «es probable que la intensidad anómala de este episodio de El Niño también se deba a la actividad humana». Según los autores, el verdadero problema no es El Niño en sí, sino «el calentamiento global antropogénico que continúa acelerándose y el creciente desequilibrio energético de la Tierra».
El calentamiento de los océanos es un factor clave. En agosto, una boya situada frente a Dragonera, en las Islas Baleares, alcanzó los 33,02 grados, la temperatura más alta jamás registrada en el mar Mediterráneo desde que hay datos. El récord anterior, del verano de 2024, era de 31,87 grados. Ese mismo mes, la temperatura media de la superficie global del mar llegó a los 21,1 grados, otro nuevo récord. «El océano no es el decorado azul de nuestro planeta, es una de las grandes piezas de su sistema climático», explica Alfonso Montes de Oca, director ejecutivo de la Reserva de la Biosfera La Palma. «Acumulan una enorme cantidad del exceso de energía que estamos atrapando y, cuando cambian, cambia con él buena parte del mundo que conocemos», añade.
El mecanismo que podría desencadenar un invierno más frío en Europa está relacionado con la circulación de Walker y el vórtice polar. Las aguas cálidas de El Niño ya están alterando la circulación de Walker, el movimiento cíclico del aire alrededor del ecuador. Al mismo tiempo, las ondas transportan energía hacia la estratosfera, a unos 30 kilómetros de altitud, donde se encuentra el vórtice polar, un gigantesco remolino de aire que gira sobre el Ártico en invierno. Mientras se mantiene estable, retiene el aire polar helado y causa vientos suaves del oeste. Pero si su rotación se interrumpe, se produce un calentamiento estratosférico repentino: las temperaturas en las alturas pueden dispararse decenas de grados en cuestión de días y el frío contenido cae sobre el sur, afectando a Siberia, Escandinavia e incluso al centro y sur de Europa.
Los modelos a largo plazo muestran una señal débil para el vórtice polar en enero, con un núcleo impactado y desplazado, mientras un área de alta presión se acumula en la estratosfera. Si a ese vórtice agitado se le suma un superNiño y la escasez de hielo marino en el Ártico, lo probable es un invierno frío. «Ningún otro continente es tan sensible a esta perturbación como Europa», asegura el meteorólogo Johannes Habermehl. «Una sola ruptura en la estratosfera y el gris permanente se convierte en escarcha permanente», advierte. Los efectos máximos de este superNiño aún tardarán varios meses en manifestarse, pero las consecuencias podrían sentirse con fuerza el próximo invierno.
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