El primer ministro belga Bart de Wever presenta su dimisión tras fracasar el pacto presupuestario
El primer ministro de Bélgica, Bart de Wever, ha presentado su dimisión al rey después de que los partidos de su coalición no lograran acordar un ajuste presupuestario de unos 10.000 millones de euros.
Por Inés Benítez
El primer ministro belga, Bart de Wever, ha presentado este lunes su dimisión tras fracasar en la negociación de los nuevos presupuestos del país, después de varias semanas de conversaciones entre los grupos parlamentarios. El mandatario considera que no puede seguir en el cargo ante una crisis política que se ha «agudizado» en la negociación de las cuentas, y así se lo ha hecho saber al rey.
El monarca, de momento, deja en suspenso su decisión y abrirá una ronda de consultas con los partidos. El objetivo del Ejecutivo era mantener un ahorro de unos 10.000 millones de euros en recortes y subidas de impuestos, una cifra a la que los socios no estaban dispuestos a renunciar. Bélgica, según la información disponible, no cumple ahora mismo con las normas de déficit y deuda marcadas por la Unión Europea. Las formaciones venían pidiendo desde hace días la salida del primer ministro si no era capaz de forjar un acuerdo, y la renuncia llega tras otro fin de semana de reuniones, incluso de madrugada, que no sirvieron para acercar posturas.
Los radicales flamencos del Vlaams Belang criticaron el procedimiento presupuestario: afirmaron que «poner en orden el presupuesto es la razón más importante de la existencia de su gobierno», pero que cada ronda se convertía en «una búsqueda de nuevos impuestos y medidas provisionales». La prensa belga ha planteado la posibilidad de que los siguientes pasos conduzcan directamente a la formación de un nuevo Gobierno sin pasar por elecciones, aunque lo más probable, según estas informaciones, es una convocatoria electoral que desbloquee la situación. De Wever ya intentó presentar su renuncia el año pasado, ante la crisis económica y política que atraviesa el país.
De Wever hizo historia al convertirse en el primer nacionalista flamenco al frente del Gobierno federal belga, un Estado cuya desintegración defendió durante décadas. Historiador de formación por la Universidad de Lovaina, cofundó en 2001 la Nueva Alianza Flamenca (N-VA) y asumió su liderazgo en 2004. Con un ideario conservador en lo social y liberal en lo económico, convirtió a su formación en la fuerza hegemónica de Flandes criticando las transferencias financieras hacia Valonia y reclamando mayor autonomía, con una evolución desde el separatismo explícito hacia un modelo confederal. Su etapa como alcalde de Amberes, entre 2013 y 2025, afianzó su reputación de estratega pragmático y le sirvió de plataforma para proyectarse a escala nacional.
Para acceder a la jefatura del Gobierno, De Wever tejió la coalición Arizona, una alianza de cinco partidos que reúne a nacionalistas flamencos, socialistas, liberales y democristianos, tras siete meses de intensas negociaciones. Entre sus prioridades figuraban la disciplina presupuestaria, la reforma del mercado laboral y de las pensiones, el refuerzo de la seguridad y el endurecimiento de las políticas migratorias. Sin embargo, su agenda de rigor fiscal chocó con la falta de acuerdo sobre el plan de ajuste, que el estancamiento ha puesto a prueba y que, según los análisis citados por la prensa, expone el dilema de fondo de su liderazgo.
En el plano europeo, De Wever se había ganado fama de negociador hábil, sobre todo por su papel en el debate sobre destinar los activos rusos congelados a la ayuda a Ucrania. Buena parte de ese dinero está en Euroclear, una institución con sede en Bélgica, lo que haría al país el más afectado por un eventual desbloqueo y lo situaría en el foco de Moscú. Aquella negociación con sus 26 colegas comunitarios le dio peso político; a nivel interno, sin embargo, la misma capacidad de maniobra no se tradujo en un acuerdo presupuestario, y su caída se ha hecho realidad.
Fuente: 20minutos.es
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