Las elecciones de mitad de mandato en EEUU ponen a prueba la estrategia de Trump en América Latina
Las 'midterms' estadounidenses de este martes medirán el alcance de la estrategia de Trump para recuperar la influencia en América Latina frente a China, en un contexto marcado por la victoria de Lula en Brasil y por la pérdida de imagen de Washington en la región.
Por Elena Lozano
Las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, las llamadas 'midterms', se celebran este martes y funcionan como una prueba para la estrategia de Donald Trump en América Latina. Desde que presentó los ejes de su política exterior para su segundo mandato, el presidente situó la región en el centro de sus prioridades, con el objetivo de recuperar la influencia perdida y frenar el avance de China.
La estrategia se apoya en una reinterpretación de la Doctrina Monroe, a la que algunos analistas se refieren ya como 'Doctrina Donroe', en alusión al apellido del presidente y al del expresidente James Monroe. Según el politólogo Fabián Calle, cuando Estados Unidos enfrenta un desafío estratégico activa lo que denomina la gran estrategia, es decir, el uso combinado de instrumentos políticos, económicos, militares y propagandísticos para neutralizar a sus rivales. Washington busca recuperar su hegemonía sobre el continente y evitar que Pekín amplíe su presencia en infraestructuras, telecomunicaciones, energía y minerales críticos.
Entre las medidas que se han aplicado en esta segunda Administración figuran acciones militares directas, como los bombardeos a lanchas en el Caribe sin juicio previo y la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. También se citan las intervenciones en procesos electorales, como ocurrió en Argentina, los aranceles a los países que no aceptan sus condiciones, con Brasil como el más afectado, y el bloqueo comercial a Cuba. Según el análisis publicado, estas políticas han intensificado un giro hacia la derecha que ya se venía produciendo en América Latina en los últimos años.
En ese marco se inscribe el llamado Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por Trump para coordinar a gobiernos ideológicamente afines y reforzar el liderazgo estadounidense. Leandro Morgenfeld, profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET, sostiene que la iniciativa refleja una voluntad de establecer relaciones de subordinación política y de dejar de lado organismos multilaterales, concentrando las decisiones en el propio Trump y en su secretario de Estado, Marco Rubio.
Las aspiraciones de Washington chocan, sin embargo, con el peso económico de China en la región. Pekín es ya el segundo socio comercial de América Latina y el primero de Sudamérica, una dependencia que dificulta que los gobiernos de la región se alineen por completo con las exigencias estadounidenses, incluso cuando mantienen una estrecha cooperación política o militar con la Casa Blanca. El caso de Argentina es ilustrativo: pese a la sintonía ideológica entre Javier Milei y Donald Trump, las exportaciones argentinas al gigante asiático pasaron del 7,5% en 2024 al 11% en 2025, y las importaciones chinas subieron del 19% al 24%.
La percepción pública también se mueve en esa dirección. Según el último Latinobarómetro, realizado en 17 países, la valoración positiva de la influencia estadounidense ha descendido del 60% en 2020 al 57% en 2026, mientras que la de China ha pasado del 48% al 65%. El rechazo a Estados Unidos ha aumentado nueve puntos, hasta el 37%, y las opiniones negativas sobre China han caído del 37% al 26%. Solo Costa Rica y República Dominicana quedan como excepciones a esa tendencia regional favorable a Pekín.
La victoria del progresista Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, la economía más importante de la región, supone además un revés para los planes de Trump de consolidar su influencia en América Latina. Brasil era una de las piezas que Washington pretendía incorporar a su órbita en su pugna con China. Por su parte, las encuestas apuntan a que el Partido Republicano podría perder el control que mantiene en el Congreso. Según el análisis, desde 2006 todos los presidentes en ejercicio han perdido sus elecciones de mitad de mandato, aunque la ventaja demócrata responde sobre todo al impacto económico, si bien algunas decisiones sobre el continente podrían pasar factura en el voto latino.
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