Lula gana la presidencia de Brasil y frena la racha conservadora en Latinoamérica
La remontada de Lula da Silva en las presidenciales brasileñas interrumpe siete victorias consecutivas de la derecha en la región y complica la situación judicial de Flávio Bolsonaro.
Por Iván Serrano
La remontada de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil ha sacudido el tablero político de toda América Latina. La victoria del veterano dirigente progresista interrumpe una racha de siete triunfos consecutivos de candidatos de derecha en la región y, además, supone un duro revés para su rival, el senador Flávio Bolsonaro, cuyo futuro judicial se complica.
Lula obtuvo el 51,79 % de los votos frente al 48,21 % de Bolsonaro, una diferencia de más de 4,4 millones de sufragios. Tras el recuento, el candidato ultraderechista pidió la anulación de los comicios por la polémica decisión judicial de prolongar dos horas la votación debido a problemas en el transporte público de varias ciudades. Sin embargo, la cifra de electores afectados por la prórroga, 35.521, es muy inferior a la diferencia entre ambos candidatos.
El resultado tiene además un fuerte componente judicial para la familia Bolsonaro. Una victoria electoral habría proporcionado a Flávio una protección importante frente a las investigaciones, ya que la Constitución brasileña impide responsabilizar al jefe del Estado durante su mandato por actos anteriores a su investidura. Con la derrota, el senador perderá su escaño en febrero de 2027 y, por primera vez desde 2003, no ocupará ningún cargo público, lo que facilitaría un eventual procesamiento.
Flávio Bolsonaro afronta actualmente dos investigaciones. La primera está relacionada con la presunta financiación irregular de Dark Horse, una película sobre la trayectoria de su padre. La Policía Federal investiga los pagos realizados por Daniel Vorcaro, antiguo propietario del Banco Master y en prisión preventiva por un escándalo financiero, a quien el senador solicitó 134 millones de reales, unos 26 millones de dólares, para financiar el largometraje. Los investigadores sospechan que parte de esos fondos, transferidos a cuentas estadounidenses vinculadas al entorno familiar, pudo destinarse al beneficio personal de los Bolsonaro. El senador reconoce las negociaciones con Vorcaro, pero sostiene que se trató de un patrocinio privado realizado dentro de la legalidad y niega haber ofrecido contraprestaciones.
La segunda investigación se centra en sospechas de blanqueo de capitales relacionadas con operaciones financieras de Willer Tomaz, abogado y amigo cercano de Flávio, vinculado a un entramado societario con movimientos sospechosos en el sector de las apuestas deportivas. Ambos niegan haber cometido irregularidades. El cerco judicial ha llevado a tres diputados a pedir al Supremo la retención del pasaporte del candidato derrotado por temor a que abandone el país. Horas después, Flávio Bolsonaro aseguró que el juez Alexandre de Moraes le ha ordenado entregar el documento, una decisión que, según explicó, le fue notificada por agentes de la Policía Federal cuando salía de la vivienda de su padre.
Ninguna de las investigaciones abiertas ha derivado todavía en una condena contra el senador. En el pasado también fue acusado en una causa sobre presuntos funcionarios fantasma y blanqueo de dinero que terminó archivada tras la anulación de pruebas. A su situación se suma la de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, que cumple en régimen domiciliario una condena de 27 años de prisión por su participación en una trama golpista posterior a su derrota frente a Lula en 2022. Otro de sus hijos, Eduardo Bolsonaro, se estableció en Estados Unidos para eludir una condena por coerción a la Justicia.
Lula afronta su cuarto mandato con un Congreso más hostil. Por primera vez en la historia de Brasil, un candidato gana la presidencia tras haber quedado por detrás en la primera vuelta. El Partido Liberal de Bolsonaro contará con 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores, mientras que las formaciones de izquierda apenas reunirán 124 escaños en la Cámara Baja y 15 en el Senado. En este escenario será decisivo el llamado Centrão, un conjunto de partidos de centro y centroderecha que sumará 246 diputados y 30 senadores y que suele negociar su apoyo a cambio de espacios de poder y concesiones gubernamentales. Algunos de ellos, pese a respaldar a Bolsonaro en la segunda vuelta, ya han mostrado disposición a alcanzar acuerdos con el presidente reelegido.
Lula deberá conciliar sus compromisos sociales con las exigencias de disciplina fiscal, además de abordar la inseguridad, la transición ecológica y la regulación de las plataformas digitales. La elección de los presidentes de ambas cámaras, prevista para febrero, será una de las primeras grandes pruebas de su nuevo mandato.
Más allá de sus fronteras, la victoria de Lula tiene importantes implicaciones para el equilibrio político regional. Con este resultado, la mayor economía y el país más poblado de América Latina pone fin a una racha de siete victorias presidenciales consecutivas de candidatos conservadores en la región.
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