Una investigación revela que un ataque de drones de EE UU mató al menos a 12 civiles en Somalia, entre ellos ocho niños
Un ataque estadounidense con drones en Jamaame, Somalia, mató en noviembre de 2025 al menos a 12 civiles, ocho de ellos menores. La investigación de The Guardian reconstruye la masacre y cuestiona la falta de investigación y rendición de cuentas de Washington.
Por Inés Benítez
Al menos doce civiles, entre ellos ocho menores de edad, murieron el 15 de noviembre de 2025 en un ataque con drones de Estados Unidos contra la localidad somalí de Jamaame, según una investigación de The Guardian que reconstruye por primera vez en detalle lo ocurrido. La ofensiva, que Washington nunca ha reconocido oficialmente como causante de víctimas civiles, se ha convertido en la operación estadounidense más mortífera para la población civil en Somalia durante los dos mandatos de Donald Trump.
Los testimonios recogidos describen cómo los vecinos de Jamaame, una localidad del sur de Somalia situada en un meandro del río Jubba, escucharon un zumbido agudo mientras desayunaban. Poco después de las nueve de la mañana, al menos quince explosiones sacudieron el barrio residencial. Entre las viviendas destruidas estaba la de Abdullahi Mohamed Abo Sheikh Ali, que trabajaba en el campo cuando comenzó el ataque. Su abuelo, Mohamed, corrió hacia los escombros y encontró los cuerpos de su nuera, Safiyo Hassan Abukar, que estaba embarazada, y de cuatro de sus nietos: Abdifatah, de diez años; Abdinasir, de siete; Hussein, de seis, y Abdurahman, de cuatro. «Había ropa y libros esparcidos por todas partes, pero apenas me fijé en ellos. Estaba paralizado por el shock, frente a los cuerpos de mis nietos. Los habían despedazado», relató Mohamed.
La investigación, basada en fotografías, vídeos, radiografías de las heridas causadas por la metralla a los niños y testimonios de testigos presenciales, apunta a que es muy probable que los operadores de los drones estadounidenses supieran que había menores en la zona. Las imágenes en directo transmitidas desde los aparatos, que probablemente despegaron de la base de Camp Simba, en la costa de Kenia, ofrecían un nivel de detalle extraordinario de la vida cotidiana en Jamaame. Una de las supervivientes, Marian Haji Abdi Guled, declaró: «Todos mis hijos yacían en el suelo cubiertos de sangre. Cuando intenté socorrerlos, comenzaron a caer proyectiles».
La masacre plantea serias dudas sobre la fiabilidad de la información de inteligencia en la que se basó la operación y sobre la creciente campaña militar de Washington en el Cuerno de África. Durante la Administración Trump se han llevado a cabo cientos de bombardeos en el marco de una guerra secreta, envuelta en una gran opacidad jurídica y sin una rendición de cuentas efectiva por las víctimas civiles. Hacía dieciocho años que Estados Unidos no causaba tantas muertes de civiles en un solo incidente en Somalia; la cifra más alta confirmada hasta ahora correspondía a la fallida operación militar de 1993 en Mogadiscio, conocida como Black Hawk Down.
A pesar de la gravedad de lo ocurrido, no consta que se haya abierto ninguna investigación sobre los hechos de Jamaame. Nadie ha rendido cuentas por las muertes y Estados Unidos sigue negando que aquel día muriera un solo civil en la localidad. El presidente Donald Trump ha lanzado reiterados ataques verbales contra los somalíes, a los que ha descrito en actos públicos como personas de «bajo coeficiente intelectual» y «estúpidas», y ha calificado Somalia de «país repugnante». La investigación invita a examinar qué valor da el ejército estadounidense a las vidas de la población civil somalí y si ese desprecio contribuyó a que los altos mandos militares creyeran que podían matar sin rendir cuentas.
