El ‘streamer’ Aruberuto Makoto vuelve a convertir el acoso sexual a mujeres en contenido
El creador de contenido español Aruberuto Makoto ha reavivado la polémica al emitir en directo desde Japón situaciones de acoso sexual hacia mujeres, lo que ha generado críticas y un debate sobre los límites del entretenimiento en las plataformas digitales.
Por Inés Benítez
El ‘streamer’ español Aruberuto Makoto ha vuelto a situarse en el centro de la controversia después de que sus directos desde Japón mostraran situaciones de acoso sexual hacia mujeres, convertidas en espectáculo para su audiencia. El creador de contenido, conocido por sus retransmisiones de estilo callejero, ha reavivado un debate que ya había protagonizado en el pasado: el de los límites éticos del entretenimiento en las plataformas digitales y la normalización de la violencia machista en el ámbito del entretenimiento.
En los últimos días, varios fragmentos de sus emisiones se han difundido en redes sociales, donde se observa cómo Makoto aborda a mujeres en espacios públicos de Japón, las sigue, las interpela y, en algunos casos, las toca sin su consentimiento, mientras comenta sus reacciones con tono jocoso. Las imágenes han provocado una oleada de críticas por parte de usuarios, colectivos feministas y expertos en violencia de género, que denuncian que este tipo de contenido no solo banaliza el acoso, sino que lo convierte en un producto consumible para miles de seguidores.
El ‘streamer’, que cuenta con una notable comunidad en plataformas como Twitch y YouTube, no es nuevo en esta clase de polémicas. En el pasado ya había sido señalado por conductas similares durante sus viajes por distintos países, aunque en aquella ocasión las disculpas públicas y la promesa de cambiar su enfoque parecieron calmar temporalmente la indignación. Sin embargo, la reincidencia ha reabierto el cuestionamiento sobre la responsabilidad de las plataformas y de los propios creadores a la hora de establecer límites claros entre el humor, la provocación y el respeto a los derechos de las personas.
El caso ha trascendido el ámbito del entretenimiento y ha llegado a la esfera política y social. Varias organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres han exigido a las plataformas que tomen medidas contra este tipo de contenidos, mientras que algunos partidos políticos han anunciado que llevarán el asunto a las instituciones para debatir sobre la regulación de los espacios digitales. La Fiscalía, por su parte, ha recordado que el acoso sexual es un delito tipificado en el Código Penal español, aunque la jurisdicción en casos ocurridos en el extranjero puede complicar la actuación judicial.
La reacción de la comunidad de seguidores de Makoto ha sido dispar. Mientras algunos defienden al ‘streamer’ argumentando que sus directos son «solo entretenimiento» y que las mujeres «podrían haberlo evitado», otros han mostrado su decepción y han anunciado que dejan de seguirle. Esta división refleja un fenómeno más amplio: la creciente normalización de conductas abusivas en el entorno digital, donde la búsqueda de audiencia y de ingresos publicitarios a menudo se antepone a consideraciones éticas.
Los expertos en comunicación digital advierten de que este tipo de incidentes no son casos aislados, sino síntomas de una cultura que premia la transgresión y el morbo por encima del respeto. «El problema no es solo lo que hace un ‘streamer’, sino el ecosistema que lo aplaude y lo monetiza», señalan. Las plataformas, por su parte, han actualizado en los últimos años sus normas de conducta, pero la aplicación de estas políticas sigue siendo inconsistente, especialmente cuando los contenidos se emiten desde países con legislaciones diferentes.
Mientras tanto, Aruberuto Makoto no ha emitido un comunicado oficial sobre los últimos hechos, aunque en sus redes sociales ha publicado mensajes ambiguos que algunos interpretan como una justificación implícita. La presión social, no obstante, va en aumento, y no sería descartable que, como en ocasiones anteriores, el ‘streamer’ acabe ofreciendo disculpas públicas para intentar contener el daño a su imagen y a sus ingresos.
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de un debate serio sobre la ética en la creación de contenido digital, la protección de las víctimas y el papel de las plataformas como garantes de un espacio seguro. Mientras no se aborden estas cuestiones de fondo, casos como el de Makoto seguirán repitiéndose, convirtiendo el acoso sexual en un espectáculo más dentro de la economía de la atención.
