Una investigación de la Universidad de Valladolid permite anticipar las plagas de topillos
Un estudio de la Universidad de Valladolid y el CSIC, basado en 16 años de datos, identifica la lluvia acumulada entre marzo y julio como señal para prever con un año de antelación las plagas de topillo campesino en Tierra de Campos.
Por Inés Benítez
Una investigación de la Universidad de Valladolid y el CSIC ha identificado una señal climática que permite anticipar con aproximadamente un año de antelación las explosiones poblacionales del topillo campesino en Castilla y León, la comunidad que sufre con mayor virulencia el impacto de estos roedores. El hallazgo, publicado en la revista científica internacional Pest Management Science, podría facilitar el paso de una gestión reactiva a una preventiva de unas plagas que pueden llegar a destruir hasta el 80% de la producción esperada de las cosechas.
Los investigadores analizaron 16 años de datos, entre 2009 y 2025, procedentes del seguimiento de poblaciones de topillo campesino (Microtus arvalis) en seis localidades de Tierra de Campos, la comarca más afectada de la comunidad. El estudio concluye que la precipitación acumulada entre marzo y julio del año anterior representa una señal climática relevante que, combinada con los ciclos reproductivos de estos animales, explica el 43,2% de la variación observada en el crecimiento de las poblaciones. Los propios autores admiten que no es un indicador infalible, porque en estas explosiones cíclicas influyen muchos factores, pero consideran que proporciona información con suficiente antelación para intensificar el seguimiento antes de la siguiente campaña agrícola.
El trabajo es un resultado directo del proyecto RATALERT, financiado por la Agencia Estatal de Investigación y dirigido por François Mougeot, investigador del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (CSIC-UCLM-JCCM), y por Juan José Luque-Larena, catedrático de Zoología de la Universidad de Valladolid. «Lo importante es disponer de información con suficiente antelación para poder tomar decisiones», señala Luque-Larena. «El objetivo es avanzar desde una gestión fundamentalmente reactiva hacia una gestión preventiva, identificando con tiempo dónde debemos intensificar el seguimiento». Mougeot añade que «la combinación de información climática y dinámica poblacional puede proporcionar un sistema de alerta mucho más útil para la gestión que esperar a que las poblaciones hayan alcanzado niveles ya elevados».
Constantino Caminero, responsable del Observatorio de Plagas de la Consejería de Agricultura de Castilla y León, celebra la utilidad de la herramienta. Explica que los topillos se concentran especialmente en Tierra de Campos porque allí se dan una serie de factores que lo facilitan, entre ellos la existencia de reservorios, sobre todo por la abundancia de alfalfa, que permite subsistir a la especie en los periodos de baja población. Estos roedores alternan fases de escasa presencia con otras expansivas que causan los problemas, y la comarca sufre su impacto más o menos cada tres años.
Las plagas de topillo saltaron a las portadas en la temporada 2006-2008, cuando se produjo una explosión poblacional sin precedentes que afectó directamente a 500.000 hectáreas, con densidades de entre 700 y 2.000 topillos por hectárea. «Aquello pilló a todo el mundo desprevenido. Entonces no estaban preparados», reconoce Caminero. Los roedores invadieron también las poblaciones próximas y generaron problemas sanitarios, ya que son un factor de contagio de la tularemia. Las réplicas posteriores no han sido tan graves, pero siempre generan un impacto negativo, no solo porque devoran los tallos de los cereales y consumen sus frutos, sino porque causan daños estructurales en el terreno.
Aunque en el resto del país hay poblaciones de topillo en Aragón y Navarra, no causan problemas importantes. Es más, pese a que estos roedores protagonizan plagas de impacto en varios países europeos, en ninguno provocan daños tan graves como en Castilla y León, según reconoce Caminero. La investigación abre ahora la puerta a anticiparse al problema en lugar de responder a él una vez que aparece, lo que podría reducir de forma significativa las consecuencias de unas plagas que han marcado la vida agrícola de la comunidad durante décadas.
