España cumple 47 años libre de rabia terrestre, pero los casos importados mantienen la alerta
España no registra transmisión terrestre de rabia desde 1978, aunque los casos importados y la circulación de lisavirus en murciélagos obligan a mantener la vigilancia. La OMS estima 59.000 muertes anuales en el mundo, la mayoría en África y Asia.
Por Inés Benítez
España está libre de rabia terrestre desde 1978. Así lo confirman los registros del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que solo contabilizan un caso importado desde Marruecos en junio de 2013. Aquel episodio, protagonizado por un perro procedente del país vecino, obligó a activar medidas de control y vigilancia que permitieron recuperar el estatus sanitario seis meses después. Sin embargo, la ausencia de transmisión sostenida no equivale a riesgo cero.
La rabia es una zoonosis vírica que ataca el sistema nervioso central de los mamíferos. Se transmite principalmente por la saliva de un animal infectado, a través de mordeduras o arañazos, aunque también puede llegar por contacto con mucosas o heridas abiertas. Una vez que aparecen los síntomas clínicos, la enfermedad es prácticamente siempre mortal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que provoca alrededor de 59.000 fallecimientos anuales en el mundo, y cerca del 95% se concentran en África y Asia. Los perros son responsables de hasta el 99% de las transmisiones a personas, y aproximadamente cuatro de cada diez víctimas son menores de 15 años.
La estrategia internacional Cero para 2030, impulsada por la OMS, la Organización Mundial de Sanidad Animal, la FAO y la Alianza Global para el Control de la Rabia, busca eliminar las muertes humanas por rabia transmitida por perros. No se trata de erradicar todas las variantes del virus, sino de interrumpir la transmisión canina y garantizar atención preventiva a tiempo a quienes sufran una exposición. En Europa occidental, décadas de vacunación y vigilancia han permitido controlar la rabia terrestre, pero la experiencia reciente demuestra que el problema no está erradicado. En 2025, Rumanía notificó un caso autóctono y varios en animales, lo que recuerda que la enfermedad sigue presente en algunas zonas del continente.
Gowri Yale, directora del programa global contra la rabia de Ceva Salud Animal y veterinaria experta en la enfermedad, advierte de que «la eliminación de la rabia no puede detenerse en las fronteras nacionales». Los desplazamientos internacionales de animales, las adopciones transfronterizas y el comercio ilegal de cachorros pueden reintroducir el virus en territorios libres de transmisión sostenida. En el caso del comercio ilegal, los registros sanitarios incompletos o falsificados y los controles veterinarios insuficientes elevan el riesgo de que un animal infectado pase desapercibido. Por eso, verificar la documentación y exigir el cumplimiento de los requisitos sanitarios resulta clave para que viajes y adopciones se realicen con garantías.
La trazabilidad y la cooperación entre los servicios veterinarios de los países de origen y destino son esenciales para detectar incidencias y actuar con rapidez. En España, la situación es especialmente sensible en Ceuta y Melilla, donde se producen de forma esporádica casos importados, principalmente en perros. A ello se suma la circulación de otros lisavirus en murciélagos, que obliga a mantener la vigilancia epidemiológica incluso en ausencia de rabia terrestre. La vacunación canina sigue siendo la herramienta fundamental para prevenir muertes humanas, y la OMS insiste en que la prevención tras una exposición de riesgo es eficaz si se administra a tiempo.
El Día mundial contra la rabia, que se celebra cada 28 de septiembre, pone el foco este año en la necesidad de mantener los sistemas de vigilancia y vacunación incluso en los países que han alcanzado el estatus de libres de rabia terrestre. La experiencia española demuestra que el éxito sostenido depende de la cooperación internacional, el control del movimiento de animales y la capacidad de responder con rapidez ante cualquier caso importado. Sin esas medidas, el virus puede volver a cruzar una frontera.
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