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Evolut

31 de agosto de 2026

Sociedad 5 min

La psicología explica por qué no felicitar a otros no siempre es envidia

Un modelo de psicología social explica que el silencio ante los logros ajenos responde a un mecanismo de protección de la autoestima, no a la envidia. El éxito de una persona cercana puede percibirse como una amenaza inconsciente cuando toca un área relevante para la propia identidad.

El silencio incómodo o el comentario tibio ante la buena noticia de un compañero de trabajo, un amigo o un familiar suele interpretarse como envidia, egoísmo o resentimiento. La psicología social, sin embargo, ofrece una explicación más matizada: quienes no felicitan a otros por sus logros no actúan necesariamente movidos por la envidia, sino que están protegiendo su propia autoestima frente a una comparación que perciben, de forma inconsciente, como una amenaza.

Este comportamiento tiene nombre dentro de la disciplina: el modelo de mantenimiento de la autoevaluación, formulado por el psicólogo Abraham Tesser y desarrollado en un estudio publicado junto a Murray Millar y Janet Moore en el Journal of Personality and Social Psychology. La investigación sostiene que el éxito de una persona cercana, cuando toca un área importante para la propia identidad, puede sentirse como una amenaza para la autoestima, aunque no exista ninguna mala intención consciente. Cuanto más cercana es la relación y cuanto más relevante es el área del logro para quien escucha la noticia, mayor es esa sensación de amenaza. Un ascenso, un premio o una buena calificación no duelen igual si los consigue un desconocido que si los consigue el compañero con el que uno se compara todos los días.

El propio modelo de Tesser matiza este mecanismo con lo que llama proceso de reflejo: cuando el logro de la persona cercana ocurre en un terreno que no forma parte de la propia identidad, el efecto es el contrario y esa cercanía se convierte en motivo de orgullo, casi como si el éxito fuera compartido. Es la misma razón por la que resulta fácil alegrarse por la victoria de un familiar en una disciplina que a uno no le importa demasiado, y mucho más difícil hacerlo cuando se compite, aunque sea de forma no declarada, por el mismo terreno.

Un segundo estudio, publicado en la revista Cognition & Emotion por el psicólogo Niels van de Ven, ayuda a entender la diferencia entre envidia y protección emocional. La investigación distingue entre la envidia, que empuja a desear que el otro fracase, y la admiración, que lleva a querer mejorar por cuenta propia sin necesidad de hundir a nadie. Cuando alguien no felicita, no siempre está deseando que las cosas le vayan mal al otro. Muchas veces se trata de una reacción defensiva breve, casi automática, mientras la persona procesa internamente la comparación y recupera el equilibrio. La envidia implica un deseo activo de que el otro pierda; la protección emocional, en cambio, es solo un intento de no sentirse disminuido.

Otras investigaciones sobre comparación social distinguen además entre dos tipos de envidia: la benigna, que aparece cuando el éxito ajeno se percibe como alcanzable y funciona casi como un estímulo, y la maligna, que sí busca activamente que el otro pierda su posición. La mayoría de silencios incómodos ante una buena noticia encajan mejor en la primera categoría, o directamente en el mecanismo de protección descrito por Tesser, y no en la envidia maligna que suele imaginarse.

Las personas que no felicitan al resto no suelen guardar silencio sin más: muchas veces minimizan el logro con frases que parecen inocentes. Comentarios como «cualquiera podría haberlo conseguido», «has tenido suerte» o «ya era hora» son habituales y, sin sonar hostiles, restan valor a la noticia y alivian la incomodidad de quien los pronuncia. Este patrón se repite con más frecuencia entre personas cercanas que entre desconocidos, precisamente porque la comparación solo resulta amenazante cuando el otro forma parte del propio círculo de referencia.

El fenómeno se repite, incluso amplificado, en las redes sociales. Ese «me gusta» que cuesta dar, o el comentario que se queda a medio escribir en una publicación con una buena noticia, responde al mismo mecanismo: la exposición pública del logro ajeno multiplica la sensación de comparación, porque no solo lo ve quien lo protagoniza, sino todo el círculo de contactos.

Las personas con una autoestima más estable no dejan de notar esa comparación, pero la gestionan de otra manera: separan el éxito ajeno de su propio valor personal. Saben que el logro de un compañero no resta nada a lo que ellas mismas han conseguido, así que felicitar no les supone ningún esfuerzo emocional. La próxima vez que alguien reciba una buena noticia con un silencio extraño en lugar de una felicitación, probablemente no esté deseando que le vaya mal. Es más probable que esté, sin darse cuenta, defendiendo la imagen que tiene de sí mismo frente a una comparación que le ha llegado antes de lo que esperaba.

Marcos Esteban

Autor

Cronista deportivo

Marcos Esteban cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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