Las regiones con menos especies concentran la biodiversidad única del planeta, según un estudio
Un estudio publicado en Nature Communications muestra que la riqueza de especies y la unicidad ecológica suelen variar en sentido opuesto, y que las zonas más pobres en especies albergan organismos raros y locales que requieren protección.
Por Inés Benítez
Las zonas del planeta con menos especies no son necesariamente las menos valiosas para la biodiversidad. Según un estudio publicado el 26 de marzo de 2026 en la revista Nature Communications, las regiones con menor riqueza de especies suelen concentrar organismos raros y locales que no se encuentran en ningún otro lugar, lo que las convierte en piezas clave para la conservación global.
La investigación, firmada por Yue Chen, Janne Soininen, Jonathan Myers, Zikun Mao, Jinghua Yu y Xugao Wang, analizó miles de comunidades biológicas repartidas por todos los continentes. Su principal aportación consiste en medir por separado dos dimensiones que habitualmente se confunden: la riqueza de especies, es decir, cuántas especies hay en un lugar, y la unicidad ecológica, que indica cuánto se diferencia la composición de ese lugar del resto.
Los autores observaron que ambas dimensiones suelen variar en sentido opuesto. Este patrón inverso apareció en 11 grupos taxonómicos distintos, entre ellos aves, plantas, peces, insectos, algas, reptiles y líquenes. Además, se mantuvo tanto cuando se analizaba solo la presencia o ausencia de especies como cuando se tenía en cuenta su abundancia.
Los investigadores explican que las zonas pobres en especies tienden a acoger organismos raros y de distribución restringida, que forman comunidades con una identidad propia. Los mecanismos que apuntan los autores son dos: por un lado, el banco regional de especies disponible en cada área, y por otro, la proporción de especies raras que contiene. Cuando un territorio tiene un banco regional reducido, cada especie peculiar pesa más en la configuración final de la comunidad.
Las implicaciones para la conservación son directas. Según el estudio, las políticas que se centran exclusivamente en los llamados hotspots de riqueza, es decir, los lugares con mayor número de especies, pueden dejar sin protección enclaves únicos que no destacan por su cantidad de vida pero sí por su singularidad. Por ello, los autores proponen incluir ambas dimensiones en los planes de conservación.
Los datos respaldan esa recomendación. El 22,8 % de las relaciones analizadas mostró una asociación negativa clara entre riqueza y unicidad, mientras que menos del 1 % presentó una asociación positiva robusta. Entre los factores explicativos, la diversidad gamma, que mide la diversidad total de un territorio, aportó un 34,5 %, y la proporción de especies raras, un 30,6 %. En los datos de abundancia, la limitación en la dispersión explicó un 21,1 %. Las variables climáticas, en cambio, tuvieron en general un papel discreto.
El análisis también reveló diferencias entre grupos. Los insectos terrestres y las algas resultaron más sensibles al filtro ambiental, es decir, a las condiciones del entorno que determinan qué especies pueden sobrevivir en cada lugar.
Desde su publicación, el artículo, que está disponible en acceso abierto, ha registrado más de 9.000 accesos y una cita. El trabajo ofrece así una base científica para revisar cómo se priorizan las áreas de conservación, con la idea de que proteger la biodiversidad no dependa solo de contar especies, sino también de identificar los lugares donde vive aquello que no existe en ningún otro sitio.
Fuente: okdiario.com
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