Los hijos de padres menores de 30 años tienen hasta diez veces más riesgo de sufrir carencias materiales severas
Un estudio de Fedea y la Universidad Complutense revela que los hogares con progenitores jóvenes acumulan entre seis y diez veces más probabilidad de padecer carencias materiales severas que el resto de familias con hijos, y propone políticas focalizadas.
Por Marcos Esteban
La pobreza infantil sigue siendo uno de los problemas estructurales más acusados de España, y un nuevo estudio aporta datos que precisan quiénes la sufren con más intensidad. Los hogares con padres menores de 30 años tienen entre seis y diez veces más probabilidad de padecer carencias materiales severas —como no poder irse de vacaciones una semana al año, comer carne con regularidad o mantener una temperatura adecuada en el hogar— que el resto de familias con hijos. Así lo refleja un informe publicado este lunes por investigadores del centro de estudios Fedea y la Universidad Complutense de Madrid.
El trabajo, que parte de los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), la estadística de referencia para medir la pobreza en España, analiza si los elevados niveles de pobreza infantil responden a los costes de la crianza o a las características de las familias que deciden tener hijos. Los resultados confirman conclusiones ya conocidas, como que la pobreza afecta de forma desproporcionada a los hogares monoparentales y a las familias numerosas, donde más de la mitad están en riesgo de pobreza o exclusión social. Pero el estudio va más allá y trata de aislar el efecto de la paternidad sobre la pobreza al margen de las diferencias de renta o de composición del hogar.
En ese análisis, una familia con características económicas y sociales similares a otra sin hijos tiene 1,15 puntos porcentuales más de probabilidad de sufrir carencias materiales severas. La brecha se dispara hasta un rango de entre 7,3 y 8,7 puntos en los hogares con progenitores menores de 30 años en comparación con una familia sin hijos. En cambio, la diferencia se reduce sustancialmente en los hogares con hijos menores cuyos padres tienen entre 30 y 44 años (1,1 puntos) y entre los mayores de 45 años (0,9 puntos).
Para los autores, estos datos indican que «la vulnerabilidad asociada a la crianza no depende solo de la presencia de hijos menores, sino también de la etapa del ciclo vital en que se encuentra el hogar». Los investigadores apuntan que los hogares jóvenes suelen afrontar la crianza con menor acumulación de ahorro, trayectorias laborales menos consolidadas, mayor inestabilidad residencial y menos acceso a redes de apoyo económico. Añaden que los costes asociados a la crianza —cuidados, equipamiento, vivienda adecuada o gastos recurrentes vinculados a los menores— «pueden ser especialmente difíciles de absorber en una etapa en la que los recursos líquidos y la estabilidad económica son todavía limitados».
En el caso de los hogares monoparentales, la brecha de pobreza infantil es elevada a todas las edades de los progenitores, lo que para los investigadores podría indicar que «la estructura familiar constituye una fuente de vulnerabilidad más persistente». El informe concluye que la elevada pobreza infantil observada en España «no puede interpretarse únicamente como un efecto mecánico de tener hijos», sino que depende de forma crucial del contexto económico y familiar en el que se producen la maternidad y la paternidad.
Los autores reconocen, no obstante, que hay una parte de la pobreza infantil que no logran explicar por las diferencias socioeconómicas entre hogares, y postulan que podría deberse a «costes y restricciones específicas de la crianza» que la ECV no recoge. A la luz de los resultados, los investigadores proponen complementar las políticas universales de infancia con instrumentos «más focalizados» para los hogares especialmente vulnerables: los que tienen padres jóvenes y las familias monoparentales.
