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Evolut

18 de septiembre de 2026

Sociedad 5 min

Muere Jelly Bean, la beluga rescatada de Marineland Canadá, tres semanas después de llegar al Oceanogràfic

La beluga Jelly Bean, una de las dos rescatadas de Marineland Canadá y trasladadas al Oceanogràfic de Valencia el pasado 27 de agosto, ha fallecido de forma repentina durante la madrugada. El centro realizará una necropsia junto a patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrera para determinar las causas.

La beluga Jelly Bean, uno de los dos cetáceos árticos rescatados del parque Marineland Canadá y trasladados al Oceanogràfic de Valencia el pasado 27 de agosto, ha muerto de forma repentina durante la madrugada. El centro valenciano ha confirmado el fallecimiento en un comunicado oficial en el que lamenta la pérdida de un animal que llevaba apenas tres semanas bajo supervisión veterinaria continua.

La beluga había presentado dificultades para alimentarse con normalidad en los últimos días. Ante esta situación, el equipo veterinario del Oceanogràfic intensificó su seguimiento y estableció una vigilancia continuada las 24 horas del día. Durante ese periodo, Jelly Bean mostró también momentos de mejoría y una actitud receptiva hacia sus cuidadores, lo que alimentaba la esperanza de una recuperación progresiva tras las primeras semanas de adaptación al centro. Sin embargo, esa evolución se truncó de forma abrupta durante la pasada noche.

Por el momento no es posible determinar la causa exacta de la muerte. Los veterinarios del Oceanogràfic realizarán una necropsia junto al grupo de patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrera con el objetivo de identificar los factores que pudieron contribuir al fallecimiento del cetáceo. El centro no ha adelantado ninguna hipótesis mientras no concluyan los análisis correspondientes y ha optado por mantener la máxima cautela ante lo que calificó como un caso excepcional.

Jelly Bean formaba parte de un grupo de seis animales —dos belugas y cuatro delfines— trasladado el pasado 27 de agosto dentro de una compleja operación internacional de rescate. El operativo buscaba salvar a los ejemplares que aún permanecían en Marineland Canadá, un parque temático de las cataratas del Niágara cerrado desde 2024 tras años de denuncias sobre el bienestar animal y la imposibilidad de seguir manteniéndolos. La beluga quedó atrapada junto a una treintena de congéneres cuando el parque canadiense cesó su actividad y dejó de poder garantizar los cuidados básicos que exige la especie.

El rescate estuvo liderado por un consorcio de acuarios acreditados por la Asociación de Zoológicos y Acuarios (AZA), que evitó que los ejemplares de Marineland Canadá terminaran siendo sacrificados ante la falta de recursos del parque. El traslado de cetáceos protegidos entre continentes exigió permisos específicos de importación de fauna amparada por la Convención CITES, además de una estrecha coordinación veterinaria entre los países implicados. Los animales viajaron en contenedores especializados con agua termorregulada y control veterinario permanente durante todo el vuelo.

Cleopatra, la segunda beluga trasladada junto a Jelly Bean, y los cuatro delfines rescatados en la misma operación evolucionan favorablemente y continúan bajo los cuidados y la supervisión de los profesionales del centro. El Oceanogràfic ha insistido en que cada animal presenta un historial y unas necesidades individuales propias, por lo que solo un seguimiento continuo permite conocer en profundidad su verdadero estado de salud.

El resto de la manada rescatada de Marineland Canadá fue distribuido entre distintos acuarios acreditados de Estados Unidos, entre ellos el Shedd Aquarium de Chicago, el SeaWorld de San Antonio y el Georgia Aquarium. Los primeros traslados se realizaron por vía aérea en jaulas especiales con agua controlada, en una operación que se prolongó durante semanas debido a la complejidad logística que implica mover ejemplares que pueden superar los 1.500 kilos de peso. El Mystic Aquarium colaboró además con apoyo técnico y logístico durante todo el proceso.

Las belugas son cetáceos árticos con una esperanza de vida de hasta 35 o 40 años en entornos controlados bien gestionados, lo que convierte cada traslado en un proceso delicado que exige meses de planificación previa. Acuarios como el Oceanogràfic desempeñan un papel cada vez más relevante en la conservación ex situ de especies árticas amenazadas por el cambio climático y la pérdida de su hábitat natural. La muerte de Jelly Bean supone un momento especialmente difícil para todos los profesionales que han trabajado en su cuidado desde su llegada a Valencia.

Marcos Esteban

Autor

Cronista deportivo

Marcos Esteban cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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