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Evolut

4 de octubre de 2026

Sociedad 6 min

Patricia Pradera, psicóloga: «Decirle a un paciente que tiene que ser fuerte puede hacerle más difícil expresar lo que siente»

La psicóloga sanitaria Patricia Pradera advierte de que la exigencia de mantenerse fuerte o positivo ante una enfermedad grave puede inhibir la expresión emocional del paciente y dificultar su adaptación. Defiende integrar la atención psicológica en oncología, enfermedad crónica y cuidados paliativos como parte central de la asistencia.

La psicóloga sanitaria Patricia Pradera, con más de quince años de experiencia en el ámbito hospitalario, advierte de que mensajes aparentemente bienintencionados como «tienes que ser fuerte» o «mantente positivo» pueden dificultar que el paciente exprese lo que siente. En una entrevista, la especialista en psicooncología y neuropsicología explica que estas exigencias generan una presión añadida en un momento de alta vulnerabilidad y pueden inhibir la expresión emocional.

Pradera subraya que la salud no puede dividirse en física y emocional. «Cuando hablamos de salud, hablamos de la persona en su conjunto», señala. La enfermedad se manifiesta en el cuerpo, pero afecta también a cómo la persona piensa, siente, se relaciona y organiza su vida. Por eso dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden presentar respuestas muy distintas en función de su historia previa, sus estrategias de afrontamiento, el apoyo social, la información recibida y sus expectativas sobre el futuro.

Ante un diagnóstico grave e inesperado, lo habitual es que aparezcan miedo, tristeza, irritabilidad, incertidumbre y sensación de pérdida de control. La psicóloga insiste en que, en la mayoría de los casos, no se trata de un trastorno psicológico, sino de reacciones esperables dentro de un proceso de adaptación a una situación de alta exigencia. Por eso considera importante no patologizar el malestar por defecto y orientar la intervención a que la persona entienda lo que le ocurre, disponga de estrategias de afrontamiento y evite que el malestar interfiera de forma significativa en su vida diaria, sus relaciones y su capacidad para tomar decisiones.

Uno de los objetivos centrales de la intervención psicológica es que el paciente recupere cierto grado de control. Hay aspectos de la enfermedad que no puede controlar, pero sí puede intervenir en cómo gestiona la información, cómo pide ayuda, cómo se comunica con su entorno y a qué dedica sus recursos. La especialista destaca que la intervención no se limita a reducir el malestar, sino que también identifica y refuerza los recursos con los que ya cuenta el paciente. «Muchas personas tienen más capacidad de adaptación de la que anticipan», afirma.

Preguntada por si la salud mental sigue considerándose secundaria dentro de la atención sanitaria, Pradera reconoce que se ha avanzado, pero que queda mucho por hacer. Existe una distancia entre el reconocimiento de la importancia de la salud mental y su integración real en los procesos asistenciales. Ante un diagnóstico complejo, la atención se centra, con razón, en las pruebas, el tratamiento y el pronóstico, pero el paciente se enfrenta a la vez a otras cuestiones: cómo informar a sus hijos, qué ocurrirá con su trabajo, cómo manejar la ansiedad anticipatoria ante una prueba o cómo tolerar la incertidumbre. Estas cuestiones forman parte del proceso de enfermedad y deberían abordarse de forma sistemática.

La psicóloga defiende que la atención psicológica debería estar integrada de forma sistemática en oncología, enfermedad crónica, dolor, cuidados paliativos y, en general, en situaciones que implican cambios relevantes en la autonomía y la calidad de vida. La intervención precoz tiene además un valor preventivo: facilita la adaptación y permite detectar dificultades antes de que se cronifiquen. En este sentido, recalca que la atención psicológica no es un complemento del tratamiento médico, sino un componente central de una atención sanitaria integral.

Sobre el momento en que una persona escucha por primera vez la palabra «cáncer», Pradera explica que, a pesar de la mejora en los tratamientos y en la supervivencia de muchos tumores, el término sigue asociándose de forma inmediata a amenaza vital. En los primeros momentos es habitual una respuesta de bloqueo. Algunos pacientes recuerdan con precisión una frase concreta de la consulta y apenas el resto de la conversación, porque una activación emocional intensa reduce temporalmente la capacidad de procesar y retener información. Esto tiene implicaciones prácticas, como la conveniencia de repetir la información en consultas posteriores o facilitarla por escrito.

Después aparecen las preguntas sobre la evolución, el tratamiento, la vida laboral o la comunicación con los hijos, junto a una elevada intolerancia a la incertidumbre. La intervención debe ajustarse a cada fase. Al inicio suele ser prioritario ayudar a organizar la información, identificar necesidades inmediatas y ofrecer estrategias concretas para las primeras semanas. La especialista también aborda el acompañamiento a las familias cuando el pronóstico es complicado, ya que la enfermedad grave afecta al conjunto del sistema familiar y modifica roles, rutinas y responsabilidades. En todos los casos, insiste en que el paciente necesita poder expresar miedo, cansancio, enfado o tristeza sin que se interprete como un fracaso.

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Marcos Esteban

Autor

Cronista deportivo

Marcos Esteban cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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