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Evolut

16 de septiembre de 2026

Sociedad 6 min

Una veintena de migrantes denuncia palizas y vejaciones de militares en Ceuta

Una veintena de testimonios recogidos directamente y un centenar de casos detectados por organizaciones describen un patrón de violencia de grupos de soldados españoles, especialmente regulares y legionarios, contra migrantes marroquíes llegados a Ceuta a finales de julio, incluidos menores.

Una veintena de migrantes marroquíes ha denunciado haber sido víctimas de palizas, robos y vejaciones por parte de grupos de militares españoles que patrullan las calles de Ceuta. Los relatos, recogidos de forma directa, describen un patrón común de violencia ejercida por determinados soldados, en especial regulares y legionarios, contra los marroquíes llegados a la ciudad a finales de julio, entre ellos menores de edad. A estos testimonios se suman un centenar de casos detectados por organizaciones que trabajan sobre el terreno.

Las denuncias no se limitan a las agresiones físicas. Los migrantes relatan prácticas humillantes, como obligarles a raparse el pelo bajo la amenaza de ser devueltos a Marruecos o golpearles si se negaban a cumplir cualquier orden. Según los denunciantes, el objetivo de estas actuaciones era denigrarlos. Las patrullas recorren la ciudad en busca de migrantes a los que agreden y a los que roban dinero y teléfonos móviles, según los relatos recopilados.

Una de las agresiones denunciadas ocurrió la madrugada del viernes 11 de septiembre en la barriada de Los Rosales. Dos patrullas de militares españoles fueron avistadas en la zona. Un equipo de activistas del colectivo Brigadas de Apoyo Mutuo acudió al lugar para documentar lo ocurrido. Allí, una decena de legionarios estaba desplegada en distintos puntos del vecindario. Varios uniformados se concentraban junto a una casa en ruinas donde malvivían desde hacía semanas un grupo de migrantes marroquíes.

Al percibir la presencia de voluntarios y periodistas, los soldados comenzaron a abandonar ese punto, donde tres migrantes heridos pedían auxilio, y se trasladaron al otro extremo del vecindario, donde otros seis soldados trataban de esconderse de las cámaras. Algunos no llevaban el gorro que identifica a sus unidades, pero uno de ellos portaba el chapiri tradicional de los legionarios. En ese mismo momento, tres hombres ceutíes se cubrieron el rostro y, colocados delante de los militares que evacuaban la zona, empezaron a lanzar latas y piedras a los activistas y periodistas que observaban los hechos. Los soldados no recriminaron en ningún momento ni trataron de frenar el intento de agresión de los vecinos encapuchados, sino que aprovecharon para reagruparse y apartarse.

En ese instante, un hombre con una gran brecha en la cabeza y la cara ensangrentada descendió de lo alto del vecindario mientras uno de los soldados se dirigía al vehículo militar. «¿Quién te ha hecho eso?», le preguntó Ibrahim Benavides, vecino y líder comunitario de la barriada de El Príncipe, delante del uniformado. «Los militares», respondió el hombre, casi sin poder mantenerse en pie, señalando a uno de los soldados, que se metió en el vehículo oficial, recogió a otros compañeros y arrancó.

Cuando los militares se retiraron del barrio, un migrante tras otro empezó a aparecer entre los rincones donde se habían escondido. «Estos militares nos han golpeado y humillado. Nos han quitado los teléfonos y todo lo que teníamos. No han dejado a nadie sin golpear», relata Adam, uno de los jóvenes que presenciaron los hechos y que, tras recibir un golpe con la defensa de los militares, logró escapar. A su alrededor, una decena de migrantes querían contar lo sucedido. «Como puedes ver, han abusado de nosotros. Uno de los chicos más golpeados es menor de edad. Se han ensañado con nosotros de la forma más cruel», añade mientras ese mismo adolescente, también llamado Adam, se toca su labio ensangrentado.

Tres jóvenes tuvieron que ser trasladados al hospital al presentar lesiones y heridas de consideración, tras ser recogidos por una ambulancia. Los migrantes con heridas más visibles presentaban contusiones en la cabeza, el rostro o las costillas, todas compatibles con los golpes de las defensas. Otros sufrieron contusiones leves en manos, brazos y pies que no requirieron traslado sanitario. Especialmente llamativa era la herida de Omar (nombre ficticio), una brecha alargada de unos cuatro centímetros de la que brotaba sangre que manchaba su cara, cuello y manos. «¿Por qué nos hacen esto? ¿Esto es legal en España?», se preguntaba el hombre, desconcertado, mientras empezaba a sentirse mareado y desorientado.

A Adam, de 17 años, además de sus labios inflamados y cubiertos de sangre, le dolía la cabeza, que presentaba marcas de un golpe reciente. «Me duele mucho la cabeza. Soy menor. Nos ha dado mucho miedo, estábamos atrapados y se reían de nosotros mientras nos golpeaban», denunciaba con los ojos enrojecidos, minutos antes de subir a la ambulancia. El lugar exacto de los hechos denunciados, al que acompañó el grupo de migrantes que denuncia la agresión, era la salida de los restos de una casa en ruinas donde pernoctaban los chavales para evitar este tipo de actuaciones, de las que todos los migrantes hablan con miedo en Ceuta. Para acceder al lugar es necesario tumbarse por un estrecho hueco que da paso a un habitáculo lleno de cascotes y basura.

Marcos Esteban

Autor

Cronista deportivo

Marcos Esteban cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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