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Evolut

4 de octubre de 2026

Cultura 5 min

Borges y la ironía de su ceguera: el Paraíso como biblioteca

Jorge Luis Borges fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de Argentina en 1955, el mismo año en que perdió la vista casi por completo. De esa contradicción nació su célebre frase sobre el Paraíso y el 'Poema de los dones'.

Jorge Luis Borges está considerado uno de los escritores más influyentes de la lengua española del siglo XX. Nacido en Buenos Aires en 1899, construyó una obra hecha de laberintos y espejos que todavía hoy se estudia en todo el mundo. Pero entre todas sus frases, hay una que ha quedado grabada con especial fuerza: la que asegura que siempre imaginó el Paraíso como una biblioteca.

Esa imagen no fue un capricho literario ni una ocurrencia pasajera. Borges la pronunció en un momento muy concreto de su vida, cuando algo que llevaba temiendo desde niño terminó por cumplirse justo cuando, por fin, tenía más cerca que nunca todos los libros del mundo. En 1955 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de Argentina, un cargo con el que llevaba tiempo soñando y que ponía bajo su responsabilidad casi 900.000 volúmenes. Ese mismo año terminó de perder la vista casi por completo, después de una ceguera progresiva que lo acompañaba desde la infancia.

El propio escritor resumió después esa coincidencia con una frase que se volvió célebre: reconoció que, poco a poco, entendió «la extraña ironía de los hechos». Siempre había imaginado el Paraíso como una biblioteca y, cuando por fin se encontró rodeado de miles de estanterías, descubrió que apenas podía distinguir los lomos y las cubiertas de los libros que tenía delante.

De esa experiencia nació uno de sus textos más recordados, el 'Poema de los dones', publicado en 1960 dentro del libro 'El hacedor'. Sus primeros versos hablan directamente de esa contradicción: pide que nadie rebaje con lágrimas ni reproches la que llama «la maestría de Dios», que con «magnífica ironía» le dio a la vez los libros y la noche, es decir, todo el conocimiento del mundo y la oscuridad para no poder alcanzarlo.

Lejos de rendirse ante esa paradoja, Borges encontró la manera de seguir escribiendo. Dejó de redactar a mano y empezó a dictar sus cuentos, poemas y conferencias a quienes lo rodeaban. Así, en lugar de leer con los ojos, se acostumbró a escuchar leer en voz alta a su madre, a amigos y a distintos colaboradores, y siguió produciendo algunas de sus obras más importantes ya completamente ciego.

Aunque la frase sobre el Paraíso es la más repetida, Borges dejó muchas otras reflexiones que ayudan a entender mejor su forma de ver la vida, la lectura y el paso del tiempo. Entre las más citadas están: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído», sobre el valor de la lectura frente a la escritura; «Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído», que retoma y refuerza la anterior; «La duda es uno de los nombres de la inteligencia», una defensa del pensamiento crítico frente a las certezas fáciles; y «Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece», una reflexión sobre la memoria y lo que realmente queda de una vida.

Todas estas ideas comparten un mismo hilo conductor. Para Borges, la vida se entendía sobre todo a través de los libros, la memoria y el paso del tiempo, incluso cuando las circunstancias, como su propia ceguera, parecían empeñadas en arrebatarle justamente eso.

El legado de Borges terminó siendo mucho más grande que su propia biblioteca. Cuentos como los que reunió en 'Ficciones' o 'El Aleph' influyeron en generaciones enteras de escritores latinoamericanos y europeos, y ayudaron a sentar las bases de lo que después se conocería como el realismo mágico. En 1979 recibió el Premio Cervantes, el máximo galardón de las letras en español, que compartió con el poeta Gerardo Diego. Lo único que se le resistió fue el Premio Nobel de Literatura: pese a sonar como candidato año tras año, incluida la propia edición de 1979, nunca llegó a recibirlo, algo que la Academia sueca jamás explicó del todo.

Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986, sin ese reconocimiento concreto, pero igualmente dejó una vasta cultura literaria para las generaciones que siguieron después. Ayer, hoy y mañana, Jorge Luis Borges sigue y seguirá citándose en placas, portadas y estanterías de medio mundo.

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Inés Benítez

Autor

Redactora cultural

Inés Benítez cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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