El Prado reúne 29 obras que muestran la ingeniería tras grandes pinturas
El Museo del Prado presenta una exposición temática que rastrea la presencia de puentes, caminos y obras civiles en sus fondos, con comisarios ingenieros y 29 cuadros de los siglos XV al XIX.
Por Iván Serrano
El Museo del Prado propone una mirada distinta sobre sus fondos: la de la ingeniería. Su nuevo recorrido temático, titulado «La ingeniería en el Prado: un puente entre el arte y la técnica», reúne 29 cuadros fechados entre el siglo XV y finales del XIX en los que las construcciones civiles, desde puentes hasta muelles, tienen un papel relevante. La exposición, organizada con la Fundación Fhecor, dedicada al estudio y la difusión de la historia de la ingeniería, podrá visitarse hasta el 21 de febrero de 2027 en las tres plantas del edificio Villanueva.
El punto de partida es un detalle a menudo ignorado de la Mona Lisa que custodia el museo, una copia de taller de Leonardo da Vinci. En el costado derecho del paisaje aparece el Ponte Buriano, un puente de piedra del siglo XIII sobre el río Arno cuyas bóvedas rebajadas llamaron la atención del pintor por su respuesta eficaz a las crecidas del río. Para los comisarios, Francisco Javier León y Francisco Javier Fernández Pozuelo, ingenieros de formación, ese puente no es un elemento decorativo, sino una obra de ingeniería civil que merece ser leída con la mirada del compás, la cimbra y el trazado topográfico.
Los comisarios han recorrido sala a sala las paredes del museo en busca de ejemplos de obra civil. Fernández Pozuelo lo resumió durante la presentación: «La ingeniería está en todas partes, y eso que el Prado no recoge la explosión de las obras de ingeniería del siglo XIX». Según explicó, la muestra no busca lecturas anacrónicas, sino entender la relación entre el creador y la transformación del territorio a través de tres niveles de protagonismo.
En el primer nivel, la obra civil ocupa el centro del cuadro. Es el caso de la Perspectiva de un anfiteatro romano, firmada por Viviano Codazzi y Domenico Gargiulo, o de las vistas de Mariano Ramón Sánchez, como El puente de Molins de Rey y el Puente de Martorell, donde la sillería y el arco son el eje visual y conceptual de la pintura. En un segundo nivel, las infraestructuras funcionan como escenario reconocible de la vida urbana o devocional. Andrea Mantegna recurre a la arquitectura civil para enmarcar El Tránsito de la Virgen, y Francisco de Goya y José del Castillo sitúan en sus versiones de La pradera de San Isidro los puentes sobre el Manzanares, que ordenan la perspectiva y dan escala a la multitud festiva.
El tercer grupo exige más atención del visitante. En retratos de aparato como el Luis XIV de Hyacinthe Rigaud, en La Huida a Egipto de El Greco o en la Sagrada Familia conocida como La Perla de Rafael, las construcciones aparecen replegadas hacia la lejanía. Según la exposición, no son elementos al azar: aportan profundidad geométrica a la escena, canalizan la mirada y actúan como símbolos silenciosos de orden, frontera o civilización.
Más allá de su valor plástico, varias de las pinturas documentan infraestructuras que hoy han cambiado o desaparecido. En la Vista de Zaragoza (1647), Juan Bautista Martínez del Mazo registró el perfil urbano de la capital aragonesa y las reparaciones del histórico puente de piedra sobre el Ebro. La exposición también incluye dos lienzos de 1759 de Antonio Joli sobre la partida de Carlos de Borbón hacia España, uno tomado desde la dársena y otro mar adentro, que permiten reconstruir la morfología de las defensas y muelles del puerto de Nápoles en ese momento.
El recorrido incluye igualmente obras que recuerdan técnicas desaparecidas. En el Díptico con 42 vistas monumentales de ciudades españolas, de Genaro Pérez Villaamil, aparece el artificio de Juanelo Turriano, un ingenio hidráulico que subía el agua del Tajo hasta el Alcázar de Toledo, del que apenas sobreviven documentos y bosquejos mecánicos. Asimismo, el Puente de Molins de Rey de Mariano Ramón Sánchez es el mejor registro visual de una estructura del siglo XVIII que sucumbió a la riada del Llobregat en 1973.
Por último, la muestra recoge la fascinación por la técnica aérea. Entre las piezas seleccionadas figura la Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez (1784), de Antonio Carnicero, que inmortaliza el primer vuelo aerostático tripulado en suelo español. Según el museo, es la única pieza de ingeniería aeroespacial que custodia la pinacoteca.
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