El consejero delegado de Audi acude a un mitin de Trump en EEUU y provoca críticas en Alemania
Gernot Döllner anunció junto a Trump una inversión de 4.000 millones de dólares en Georgia, lo que ha generado duras reacciones de sindicatos y políticos alemanes.
Por Marcos Esteban
El consejero delegado de Audi, Gernot Döllner, se ha convertido en el blanco de las críticas en Alemania después de subirse al escenario de un mitin de Donald Trump en Georgia, a pocos días de las elecciones de mitad de legislatura en Estados Unidos. Allí, junto al presidente estadounidense, anunció una inversión de 4.000 millones de dólares para construir la primera fábrica de Audi en el país.
Según lo anunciado en el acto, la planta se levantará en Macon, en el estado de Georgia, y creará 4.500 puestos de trabajo. Döllner explicó que allí se fabricarán los SUV más grandes y de gama alta de la marca, y que la construcción comenzaría el año que viene, con la producción prevista para la década de 2030. Lo describió como «una inversión a largo plazo porque creemos en el mercado estadounidense». La fábrica tendría una capacidad de 200.000 vehículos al año.
La decisión llega en un momento delicado para el grupo. Volkswagen, matriz de Audi, prevé recortar decenas de miles de empleos y cerrar plantas en Alemania. Además, Audi es el único fabricante de coches de lujo sin producción propia en Estados Unidos, lo que lo hace especialmente vulnerable a los aranceles del 15 % impuestos por Trump, que el año pasado le costaron una cifra estimada de 1.200 millones de euros.
Las reacciones en Alemania no se han hecho esperar. Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa de Volkswagen, criticó el discurso de Trump, al que calificó de «lleno de racismo, sexismo, transfobia [y] desprecio por la democracia», y dijo que quien lo escuchara y viera después a Döllner participar en el acto debería «hundirse en el suelo de vergüenza». Según comunicaciones internas de la empresa, también afirmó que la dirección se había dejado convertir en «un títere» de una figura política «sumamente dudosa».
La presidenta del sindicato IG Metall, Christiane Benner, calificó la comparecencia de «extremadamente vergonzosa, políticamente inaceptable e indigna de la empresa». Acusó a Döllner de cometer una «infracción flagrante» del código de conducta, que exige neutralidad política en el periodo previo a las elecciones, y recordó que cualquier inversión de este calibre debe ser aprobada por el consejo de supervisión de VW, del que ella misma es vicepresidenta.
La portavoz de transporte de los socialdemócratas, Isabel Cademartori, miembro de la coalición de gobierno, habló de «vergüenza», y añadió que era especialmente grave teniendo en cuenta la historia del Grupo Volkswagen, en referencia a su origen bajo el régimen nazi. Por su parte, un portavoz del Gobierno alemán declinó valorar el caso y lo presentó como una decisión empresarial sobre dónde invierte la compañía y dónde acude su máximo directivo.
El episodio se suma a otro momento llamativo del mismo acto. Trump, en plena campaña, interrumpió su discurso para elogiar el físico de la rapera Nicki Minaj, presente en el público en Michigan, y la artista respondió con una muestra de apoyo al presidente. Ese mitin, celebrado en apoyo al candidato republicano al Senado Mike Rogers, se produjo en uno de los estados donde la contienda por el control del Congreso es más reñida.
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