El negocio millonario de la devoción religiosa en Bolivia
Las fiestas de Jesús del Gran Poder en La Paz mueven millones de dólares y se han convertido en un motor económico para sectores como el textil, la gastronomía y el turismo, en un país donde la religiosidad popular sostiene miles de empleos.
Por Marcos Esteban
La festividad de Jesús del Gran Poder, celebrada cada año en La Paz, se ha consolidado como uno de los mayores motores económicos de Bolivia. Lo que comenzó como una expresión de devoción sincrética es hoy una industria que mueve millones de dólares y sostiene a miles de familias en sectores como el textil, la gastronomía, la música y el turismo.
La celebración, que este año tuvo lugar el 1 de agosto, convoca a decenas de miles de bailarines y músicos que recorren las calles de la ciudad. Detrás del despliegue folclórico hay una compleja cadena de valor: talleres de bordado, fábricas de trajes, orfebres que elaboran joyas para los devotos, empresas de sonido, food trucks y comercios informales que multiplican sus ventas durante los días previos y posteriores a la procesión.
Según estimaciones del sector, solo la confección de trajes y accesorios para los fraternos mueve varios millones de dólares anuales. Un traje completo puede costar entre 500 y 5.000 dólares, dependiendo de la complejidad del bordado y los materiales. Muchas familias invierten sus ahorros de todo el año en participar de la fiesta, lo que a su vez dinamiza el crédito informal y el consumo en los barrios populares de La Paz y El Alto.
El impacto no se limita a la indumentaria. La festividad genera empleos temporales en hotelería, transporte y seguridad. Los restaurantes y puestos de comida multiplican sus ingresos, y los músicos y bailarines reciben pagos que en muchos casos superan el salario mínimo mensual. Para los comerciantes, la fiesta representa una de las pocas oportunidades del año de obtener ganancias significativas.
La dimensión económica de la devoción ha llamado la atención de analistas y autoridades. El gobierno municipal de La Paz ha reconocido el potencial turístico de la festividad, que atrae visitantes nacionales y extranjeros. Sin embargo, también existen críticas por la informalidad del sector y la falta de regulación, lo que deja a muchos trabajadores sin protección social.
El fenómeno no es exclusivo de Bolivia. En varios países de América Latina, las festividades religiosas populares se han convertido en importantes fuentes de ingresos. Pero el caso boliviano destaca por la magnitud de la participación y por la capacidad de la fiesta para articular economías urbanas marginadas. La devoción, además de un acto de fe, es una estrategia de supervivencia económica para miles de personas.
La Iglesia católica ha mantenido una relación ambigua con estas expresiones. Si bien las bendice, también ha advertido sobre los excesos y la mercantilización. Para los devotos, en cambio, el gasto es una forma de agradecimiento y de reafirmación de identidad. La fiesta de Jesús del Gran Poder se ha convertido así en un espejo de las contradicciones y las potencialidades de la economía boliviana.
