La huelga de Airbus en España cumple 34 días con la plantilla dividida y sin acuerdo a la vista
Los trabajadores de Airbus en Getafe y Sevilla mantienen la huelga indefinida tras 34 días de paros. Denuncian falta de escucha de la dirección y negocian en un clima de división sindical, con la empresa buscando un acuerdo fuera de la mesa del comité de huelga.
Por Elena Lozano
La huelga indefinida en las plantas españolas de Airbus acumula ya 34 días de paros y el descontento de la plantilla no se apaga. En las asambleas celebradas este jueves en los dos mayores centros de la multinacional en España, Getafe (Madrid) y San Pablo (Sevilla), centenares de empleados reiteraron su disposición a mantener la movilización hasta lograr «una negociación y acuerdo justos», según explicaron varios trabajadores. El conflicto, que estalló en julio por la reducción del teletrabajo, ha destapado una ola de insatisfacción más amplia con las condiciones laborales y salariales.
La empresa asegura mantener su apertura al diálogo, pero ha cerrado la mesa con el comité de huelga y trata de trasladar la negociación a un foro más amplio con todos los sindicatos. Esta maniobra es interpretada por los convocantes de los paros como una actuación «ilegal» y de «mala fe» por parte de la dirección. La mayoría sindical de CCOO, ATP y SIPA no respalda la huelga indefinida iniciada en agosto, lo que evidencia una profunda división en el frente sindical. Desde CCOO defendieron este jueves en un comunicado que «seguiremos trabajando para alcanzar una salida que mejore nuestro presente sin poner en riesgo nuestro futuro».
En las asambleas, celebradas en un ambiente de alta temperatura emocional y con máximas de 42 grados en Sevilla, los trabajadores mostraron una unidad que califican de «histórica» por su transversalidad: ingenieros de oficinas, personal técnico y de taller, y una notable presencia de jóvenes que se movilizan por primera vez. «Algunos peinamos canas, pero hay mucha gente joven y eso es novedoso», señaló un ingeniero de Getafe con larga trayectoria en la compañía, que recuerda la etapa de la extinta CASA. En Sevilla, varios empleados subrayaron que el alto precio de la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo han sido el detonante para sumarse a las protestas.
El conflicto laboral coincide con un momento de beneficios récord para la multinacional, que el año pasado obtuvo 5.221 millones de euros, un 23% más que el ejercicio anterior, y con el auge de ramas estratégicas como el área de Defensa. La plantilla reclama mejoras salariales que compensen la pérdida continuada de poder adquisitivo de los últimos años y denuncia una empresa «poco flexible» que no se adapta a las demandas de los empleados. «Hay gente de subcontratas que está mejor en su empresa que en Airbus, porque le dejan teletrabajar más y con el mismo salario», afirmó un ingeniero de hardware y software, que también criticó una reacción «autoritaria» de la dirección ante las quejas.
Airbus ha endurecido su postura en las últimas semanas y exige a la plantilla que levante los paros para cerrar un acuerdo, una condición que los huelguistas rechazan. Fuentes de la compañía insistieron este jueves en que la multinacional «continuará trabajando para buscar una solución para todos los empleados, la empresa y el futuro de la compañía en España». Sin embargo, los trabajadores aseguran que la dirección no les escucha y que el conflicto viene gestándose desde hace años, con una devaluación de condiciones salariales y de derechos como el comedor o el transporte colectivo, junto a un aumento de las decisiones unilaterales.
La reducción del teletrabajo fue «la gota que colmó el vaso» e hizo estallar una movilización que ya se ha convertido en la más larga de la historia reciente de la compañía en España. Alberto, con 43 años en Airbus en Sevilla, donde entró con 14 años, lamenta la pérdida del sentimiento de pertenencia que caracterizaba a la plantilla. «La política buscada por parte de la empresa es generar una individualización: aislar más para imponer sus políticas», denunció. Mientras tanto, los trabajadores mantienen su pulso y aseguran tener «fuerza» para continuar, pese al calor, la división sindical y la presión de la dirección.
