Los farmacéuticos advierten: la Nivea de bote azul no es una crema antiarrugas
Expertos en cosmética aclaran que la clásica Nivea de bote azul hidrata y protege, pero no está formulada para tratar arrugas ni otros signos del envejecimiento cutáneo.
Por Marcos Esteban
Pocas cremas han conseguido permanecer durante tantas generaciones en los cuartos de baño españoles como la clásica Nivea con su lata o bote azul. Su textura espesa y su característico olor resultan reconocibles para quienes siempre la han visto en casa de su abuela o de su madre y han terminado incorporándola también a su rutina. Más de un siglo después de su aparición, continúa siendo uno de esos cosméticos a los que se atribuyen multitud de usos, aunque los farmacéuticos expertos en cosmética han querido dejar claro que su función no es precisamente la de hacer frente a las arrugas.
El farmacéutico y formulador especializado en piel y cabello Roger Nebot ha explicado que la Nivea de bote azul cumple bien determinadas funciones, pero no ha sido concebida para actuar sobre los mecanismos implicados en el envejecimiento cutáneo. «La Nivea del bote azul no es una mala crema, pero tampoco es una crema antiedad ni una hidratante facial completa», señala. Su principal virtud, añade, consiste en crear una barrera protectora sobre la piel y proporcionar una sensación inmediata de confort, gracias a una fórmula oclusiva capaz de reducir la pérdida de agua y conseguir que una piel seca presente temporalmente un aspecto más terso. Sin embargo, eso no equivale a tratar una arruga ni otros signos relacionados con el envejecimiento.
La fórmula de la clásica crema contiene ingredientes como glicerina y pantenol, además de componentes emolientes y oclusivos que ayudan a reducir la pérdida de agua. Esto explica que resulte especialmente útil en zonas secas del cuerpo, como manos, codos o talones, y que muchas personas recurran a ella cuando el frío o el viento dejan la piel tirante. Pero una piel que se siente más suave e hidratada no significa necesariamente que esté recibiendo un tratamiento contra las arrugas. Esa distinción resulta importante cuando se siguen consejos que muchas veces se ven en redes y que hablan de aplicar la Nivea en el rostro como crema antiedad.
Según Nebot, conforme pasan los años pueden aparecer cambios como una mayor sequedad, pérdida de lípidos, manchas, arrugas más marcadas, flacidez o una capacidad de reparación menor. Una rutina destinada a abordar estas necesidades requiere seleccionar productos y activos específicos en función de cada piel. Por eso, el problema de la crema Nivea no reside tanto en los ingredientes que contiene como en aquellos que no forman parte de su planteamiento. Su fórmula está orientada fundamentalmente a proteger y suavizar, no a estimular procesos relacionados con la renovación cutánea ni a actuar específicamente sobre manchas y firmeza.
El farmacéutico señala que en las formulaciones orientadas al cuidado del envejecimiento se utilizan habitualmente otros ingredientes, como determinados retinoides, vitamina C, niacinamida, ceramidas, péptidos o algunos ácidos, que no se encuentran en la famosa crema. No todos son apropiados para todas las personas ni deben utilizarse de la misma manera, pero responden a objetivos diferentes de los de una crema fundamentalmente oclusiva. También existe un elemento que no debería olvidarse cuando se habla de envejecimiento cutáneo: la fotoprotección. La radiación ultravioleta participa en el fotoenvejecimiento y la clásica crema azul no sustituye a un protector solar. Usarla esperando que desempeñe simultáneamente las funciones de hidratante, tratamiento contra las manchas, producto antiarrugas y fotoprotector supone exigirle algo para lo que no ha sido formulada.
Por otro lado, la textura característica de Nivea Creme tampoco funciona igual en todos los rostros. Precisamente aquello que resulta agradable para una piel extremadamente seca puede resultar excesivamente pesado en una piel mixta o grasa. Nebot advierte de que su carácter oclusivo puede favorecer una sensación grasa y no ser la opción más adecuada para determinadas pieles con tendencia a presentar imperfecciones. También llama la atención sobre la presencia de perfume y sustancias aromáticas potencialmente problemáticas para algunas personas con piel especialmente sensible o reactiva. Esto no convierte a la crema en un mal producto, pero significa que utilizar un cosmético debería depender tanto de sus características como de las necesidades de quien lo aplica.
La crema conserva precisamente aquello que explica buena parte de su popularidad: su capacidad para proporcionar confort a las zonas que necesitan una hidratación intensa y una barrera que limite la pérdida de agua. Nebot considera que puede utilizarse de manera puntual para sellar una rutina nocturna en determinadas pieles muy secas, así como en manos, codos o talones y en situaciones de frío o viento. La propia Nivea contempla además su utilización en el rostro, especialmente en cutis secos, y propone emplearla como mascarilla hidratante en otros tipos de piel cuando sea necesario.
