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Evolut

8 de noviembre de 2026

Estilo de vida 3 min

Un psicólogo advierte de los riesgos de complacer a todo el mundo

El psicólogo José Álvarez, de Ícaro Psicología, explica cuándo el afán de agradar deja de ser una virtud y se convierte en una trampa que erosiona la identidad y el bienestar personal.

© eldiario.es

Agradar a los demás es una necesidad humana, pero se convierte en un problema cuando se hace a costa de las propias necesidades, valores o bienestar. Así lo explica el psicólogo José Álvarez, de Ícaro Psicología, que advierte de que el hábito de complacer a todo el mundo puede acabar generando agotamiento, frustración y una pérdida progresiva de la propia identidad.

Según el especialista, el problema aparece cuando el deseo de agradar deja de ser una opción y se transforma en una obligación. En ese punto, la persona empieza a decir que sí cuando en realidad quiere decir no, a disculparse en exceso por cosas que no lo requieren y a evitar cualquier desacuerdo para no generar tensión. Son señales que, con el tiempo, pueden pasar desapercibidas porque se han normalizado.

Álvarez subraya que complacer ofrece un alivio inmediato, pero engañoso. Evitar el conflicto o la desaprobación ajena reduce la incomodidad en el momento, aunque el coste acaba recayendo en uno mismo. Entre las consecuencias que describe figuran la pérdida de identidad, la ansiedad, el resentimiento y una autoestima que depende en exceso de la aprobación de los demás.

El psicólogo señala además que ocultar las opiniones reales impide establecer relaciones auténticas. Si una persona nunca muestra lo que piensa o lo que siente, los vínculos que construye se apoyan en una versión adaptada de sí misma, y eso dificulta que los demás la conozcan de verdad.

Uno de los matices que destaca es la diferencia entre responsabilidad propia y responsabilidad por las emociones ajenas. Cada persona es responsable de sus actos, pero no de cómo reaccionan los demás ante ellos. Asumir lo contrario lleva a cargar con malestares que no corresponden. En la misma línea, Álvarez considera que tolerar la desaprobación de otros forma parte de la madurez emocional, ya que no todas las personas van a estar de acuerdo con nosotros y eso no implica que estemos equivocados.

Para salir de esta dinámica, el psicólogo propone algunas estrategias prácticas. La primera es preguntarse antes de aceptar una petición si realmente se quiere o se puede hacer. También recomienda practicar la asertividad, es decir, dar respuestas claras y respetuosas que expresen lo que uno piensa sin agresividad ni excusas excesivas. Estas herramientas no buscan levantar muros, sino recuperar espacio para decidir.

El objetivo, según Álvarez, no es dejar de ser generoso ni volverse indiferente hacia los demás, sino encontrar un equilibrio entre la generosidad y el autocuidado. Ser amable y empático es compatible con poner límites, y de hecho esos límites son los que permiten que las relaciones sean sanas y sostenibles en el tiempo.

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Inés Benítez

Autor

Redactora cultural

Inés Benítez cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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