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Evolut

31 de agosto de 2026

Mundo 5 min

Islandia rechaza por la mínima reabrir las negociaciones para entrar en la UE

El «no» se impone con un 51,8% frente al 48,2% del «sí» en el referéndum consultivo impulsado por el Gobierno de Kristrún Frostadóttir. La pesca, la soberanía nacional y la incertidumbre geopolítica en el Ártico marcan una campaña que deja al país prácticamente dividido en dos.

Islandia ha cerrado la puerta a reabrir las negociaciones para ingresar en la Unión Europea por un margen mínimo. A falta de terminar el recuento en dos distritos electorales donde ya ganaba el «no», la opción negativa se impone con un 51,8% frente al 48,2% del «sí», frenando el proceso que el Gobierno de centroizquierda de la primera ministra, Kristrún Frostadóttir, había trazado para replantear la relación del país con Europa.

La consulta, celebrada el sábado, había cobrado fuerza ante la creciente incertidumbre económica y geopolítica que en los últimos años ha sacudido al país nórdico y que ha reabierto el debate sobre su lugar en el continente. Según la cadena pública RÚV, la participación ha sido muy alta, comparable a la de las últimas elecciones generales, en las que votaron alrededor del 80% de los electores. El resultado tan ajustado no significa que Islandia haya rechazado definitivamente entrar en la UE, ya que la pregunta era si se autorizaba al Gobierno a volver a sentarse a negociar con Bruselas, no si querían ser miembros del club comunitario.

Las urnas reflejan un país prácticamente dividido en dos por la cuestión europea, después de una campaña marcada por el coste de la vida, la inflación, el contexto de seguridad en el Ártico y el control de los recursos naturales como la pesca. El principal temor entre los partidarios del «no» era que una eventual adhesión obligase a Islandia a ceder parte del control de sus ricos caladeros y a someterse a la política pesquera común de los 27 socios de la UE. La pesca no solo representa la principal fuente de riqueza del país —el 40% de las exportaciones y alrededor del 7% del PIB—, sino que también forma parte de su identidad económica y nacional. Los expertos señalan que la gestión de los recursos marinos ha sido uno de los argumentos que más han movilizado a los votantes.

Con estos resultados, el Gobierno de Reikiavik, que impulsó el referéndum tras la formación de la coalición en 2024, se reunirá en los próximos días con la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento para votar la retirada de la solicitud de adhesión, como ya ocurrió hace una década. Entonces, las negociaciones suspendidas en 2013 no llegaron a abordar los temas más delicados, como la pesca y la agricultura, y el proceso se dejó de lado con un cambio de Gobierno contrario a entrar en la UE.

El mayor argumento de la campaña del «no» ha sido que Islandia ya se beneficia de la integración europea al formar parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y de la zona Schengen, sin necesidad de ser miembro de la UE, una fórmula similar a la de Noruega. De hecho, Islandia ya ha incorporado alrededor del 75% de la legislación comunitaria a través de su pertenencia al EEE. Los defensores del rechazo también han argumentado que, con una población de apenas 400.000 habitantes, el país seguiría siendo un Estado muy pequeño dentro del bloque y tendría dificultades para hacer oír su voz en Bruselas.

Durante la campaña, la propia Frostadóttir enfatizó que solo estaría a favor de la adhesión si el país conseguía negociar un buen acuerdo con la UE. Los partidarios del «no» sostienen que, en el proceso iniciado en 2013, Bruselas ya rechazó hacer concesiones significativas en materia de pesca, y consideran que no hay motivos para pensar que ahora estuviera dispuesta a cambiar su posición. Para muchos detractores, la capacidad de decidir sobre la pesca constituye uno de los pilares de la soberanía nacional, conseguida en 1944 tras siglos de dominio colonizador de Noruega primero y de Dinamarca después. También recuerdan que, en apenas un siglo, Islandia ha pasado de ser uno de los países más pobres de Europa a convertirse en una de las economías más prósperas del mundo sin formar parte de la UE.

Los defensores del «sí», en cambio, han situado la incertidumbre económica en el centro de la campaña, con el foco en la inflación, el elevado coste de vida y la volatilidad de la corona islandesa. El referéndum también ha dejado una fractura evidente entre el entorno urbano de Reikiavik, donde el «sí» ha ganado más votos, y las regiones más aisladas de la costa que dependen de la pesca y la agricultura, donde el «no» se ha impuesto de forma mayoritaria. El Gobierno favorable a la adhesión trató de tranquilizar al sector pesquero asegurando que el control de los caladeros sería una línea roja en unas eventuales negociaciones, pero finalmente se ha impuesto el argumento de quienes consideran que ceder a la UE el control sobre los recursos naturales es un precio demasiado alto.

Elena Lozano

Autor

Periodista de sociedad

Elena Lozano cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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