Israel difunde un documental que imita a 'Naza' para rebatir las acusaciones del filme original
El Gobierno israelí ha producido en tiempo récord 'Naza: la historia real', un documental de 49 minutos que copia la estética y el título del filme de Yuval Abraham y Rachel Szor para defender la actuación del ejército en Gaza y desacreditar las entrevistas de más de 20 militares que revelaron el uso de inteligencia artificial en los bombardeos.
Por Inés Benítez
El Gobierno de Israel ha lanzado un documental titulado «Naza: la historia real» con el que busca rebatir las acusaciones contenidas en «Naza», el filme de los directores Yuval Abraham y Rachel Szor que expone el sistema de bombardeos masivos contra objetivos civiles en Gaza y que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia el pasado septiembre. La producción israelí, de 49 minutos y realizada en tiempo récord, imita la estética y el nombre del original para presentar la versión oficial del Ejército y del Gobierno sobre la ofensiva en la Franja.
El documental original reúne entrevistas con más de 20 militares israelíes, todos con el rostro oculto y la voz distorsionada, que explican cómo se empleaba la inteligencia artificial para seleccionar un gran número de objetivos en Gaza y cómo se bombardeaban edificios enteros, incluso barrios completos, para matar a supuestos integrantes de Hamás, asumiendo que sus familias, incluidos numerosos niños, morirían en los ataques. El nombre NAZA es un acrónimo hebreo que designa a los civiles que podrían morir en una operación, los llamados «daños colaterales», que el ejército calcula antes de autorizar un bombardeo.
En «Naza: la historia real», una voz en off se refiere sin nombrarlo al documental original y afirma que «cuando se hace una película lejos de la línea de fuego (...) es fácil editar, es fácil omitir y es fácil inventar una narrativa falsa sobre el ejército más moral del mundo». El filme incluye entrevistas con militares que también ocultan su rostro y su nombre, pero no su supuesto cargo, hablando de espaldas a la cámara en un balcón con plantas, en un intento de reproducir la puesta en escena del original, rodado en azoteas de Tel Aviv durante la noche. Además de los testimonios, se muestran imágenes de operaciones militares en Gaza y de soldados israelíes descubriendo arsenales de armas, uniformes o túneles de Hamás en viviendas, hospitales y escuelas de la UNRWA.
Uno de los entrevistados anónimos asegura que los milicianos de Hamás «se repliegan hacia zonas muy pobladas y con muchísima gente» porque saben que el ejército israelí «no dispara a discreción». Otro declara que antes de autorizar cualquier ataque, incluso de artillería, «primero te aseguras de que el área sea legalmente una zona de combate», y que para atacar cerca de mezquitas, clínicas o escuelas se necesitan «autorizaciones especiales que no se dan de buenas a primeras». La finalidad de estos testimonios es demostrar que Hamás se escondía en infraestructuras civiles y que el ejército nunca ataca a civiles de forma intencionada, los mismos argumentos que las Fuerzas de Defensa de Israel esgrimen desde el inicio de la ofensiva, en la que la mayoría de las víctimas son mujeres y niños, según datos del Ministerio de Sanidad palestino validados por la ONU.
«Naza: la historia real» está disponible en nueve idiomas, incluido el español, y puede verse en línea en una página creada para el documental, que está siendo difundido y publicitado oficialmente, entre otros por la Embajada de Israel en Estados Unidos. La web señala que ya ha sido visto por millones de espectadores. Eso contrasta con «Naza», el original, que aún no se ha estrenado en salas de cine en Israel y tampoco está disponible en línea, aunque sus directores han anunciado que lo estará a partir de noviembre.
Incluso antes de que la mayoría del público israelí haya podido verlo, el documental de Abraham y Szor ha sido descalificado y rechazado, y ambos han sido atacados y tachados de «traidores»; el Gobierno ha amenazado con quitarles la nacionalidad israelí. Los directores no solo ponen en duda la moralidad del ejército y su actuación, sino que muestran cómo la vida proseguía en Tel Aviv, en las casas de los israelíes, mientras a unos 60 kilómetros de distancia, en la Franja, ocurría un genocidio. El ministro israelí de Cultura ha llegado a pedir a la Inteligencia que investigue la identidad de los testigos anónimos de la película original.
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