Kaliningrado, el enclave ruso que Putin amenaza con defender con armas nucleares
Rusia refuerza la seguridad de su exclave báltico tras denunciar un supuesto bloqueo de la OTAN, mientras la Alianza lo considera su punto más vulnerable.
Por Iván Serrano
Vladímir Putin ha elevado la tensión con Europa al amenazar con emplear armas nucleares para defender Kaliningrado, el enclave ruso situado entre Lituania, Polonia y el mar Báltico. El presidente ruso justificó su advertencia asegurando que «nadie posee la clase de armamento que Rusia tiene hoy en día» y calificó ese arsenal como su «ventaja competitiva» frente a potencias nucleares como Francia y el Reino Unido.
La retórica del Kremlin se produce después de que Moscú alegara que la OTAN está preparando un bloqueo aéreo y marítimo de Kaliningrado, lo que Rusia considera un casus belli. En respuesta, Putin ha ordenado reforzar la seguridad del territorio, un enclave sin conexión terrestre con el resto de Rusia que se ha convertido en el eslabón más débil para ambas partes.
Kaliningrado es una rareza en el mapa. Pertenece a Rusia pero limita al oeste con el mar Báltico, al norte y este con Lituania y al sur con Polonia. Durante más de siete siglos fue la capital de Prusia Oriental bajo el nombre de Königsberg, una provincia alemana y profundamente europea. Tras la Segunda Guerra Mundial, los acuerdos de Potsdam la integraron en la Unión Soviética. Moscú impuso entonces lo que hoy se describiría como una limpieza étnica: la ciudad cambió de nombre, de habitantes y de naturaleza. Se convirtió en un territorio vital para los intereses militares soviéticos gracias a su puerto, libre de hielos en invierno, donde estableció su base la flota del Báltico.
Con el colapso de la URSS, el enclave entró en un largo declive. La crisis económica y el aislamiento se agravaron especialmente tras la entrada de Polonia y Lituania en la Unión Europea. Aunque la política de fuerza de Putin le devolvió cierto protagonismo, la invasión de Ucrania ha jugado en su contra: la escasez de inversiones y el traslado de miles de militares al frente ucraniano han dejado sus instalaciones casi en los huesos.
Hoy Kaliningrado vive abastecido desde Rusia por vía marítima y ferroviaria. Sigue albergando el cuartel general de la flota rusa del Báltico, su principal base naval y un amplio arsenal de misiles capaces de alcanzar capitales europeas. Pero también es un flanco vulnerable. En los cuarteles de la OTAN preocupa que, en caso de guerra, Putin intente tomar el corredor de Suwalki, una franja de 96 kilómetros en el noreste de Polonia que es la única vía terrestre entre los países bálticos y el resto de la UE y la Alianza. Hacia el este queda Bielorrusia y hacia el oeste Kaliningrado.
La ampliación de la OTAN con Suecia y Finlandia ha agravado la situación para Moscú, que ahora enfrenta una Alianza capaz de bloquear su acceso al Atlántico y a Kaliningrado desde el mar Báltico. «La expansión de la OTAN deja a Rusia con fuerzas atlánticas mucho más cerca por tierra y con la capacidad de aislarla totalmente por mar en el flanco occidental», escribió Christophe Bosquillon, investigador sénior del National Institute for Deterrence Studies, en Global Security Review. Según este analista, «Putin ha decidido que invertir estructuralmente en fuerzas nucleares es su mejor opción».
En mayo, el ministro de Defensa de Lituania afirmó que la OTAN debería demostrar a Rusia que es capaz de «penetrar el pequeño fuerte que han construido en Kaliningrado» para neutralizar sus defensas aéreas y bases militares. Tres meses después, en agosto, decenas de efectivos aéreos de la Alianza participaron en unas maniobras en la región. Fuentes militares citadas por Reuters aseguraron que esos ejercicios demostraron la capacidad de los aliados para «cortar las comunicaciones por radio y radar de Kaliningrado, así como sus defensas aéreas, en caso de un conflicto con Rusia».
Kaliningrado, anacronismo histórico y fortaleza militar, se debate así entre ser un puesto de avanzada del poderío ruso o un cazador cazado. Su futuro depende del pulso entre Moscú y una OTAN que ha dejado de verlo como un simple bastión inexpugnable.
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