Trump se enfrenta a unas elecciones de medio mandato que podrían darle un Congreso dividido
Las midterms del martes podrían dar a los demócratas la Cámara de Representantes y poner a prueba la agenda de Trump, con el Senado como factor decisivo.
Por Marcos Esteban
Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, conocidas como midterms, se celebran este martes y podrían cambiar el equilibrio de poder en Washington. Si los resultados se parecen a lo que anticipan las encuestas, con una ventaja de unos nueve puntos de los demócratas sobre los republicanos, el país entraría en un periodo de gobierno dividido, con consecuencias que dependerían sobre todo de lo que ocurra en el Senado.
La Cámara de Representantes controla las leyes, los presupuestos y las investigaciones al Ejecutivo, mientras que el Senado confirma a jueces y altos cargos. Un presidente con el Congreso en contra suele ver frenada su agenda. Por eso, los midterms se interpretan como un voto de aprobación o de castigo a la gestión presidencial, y condicionan la estrategia de ambos partidos de cara a las siguientes elecciones presidenciales.
Una ventaja de en torno a nueve puntos en el voto al Congreso es comparable o superior a la de 2018, la última gran victoria demócrata en unas legislativas. Sin embargo, la redistribución republicana de distritos electorales y la estrechez del margen en los distritos más competitivos significan que la ventaja en votos no se traduciría automáticamente en una mayoría amplia de escaños. Es probable una mayoría demócrata, pero no necesariamente holgada, lo que obligaría a sus dirigentes a gestionar un grupo con poco margen para disidencias internas.
Con la Cámara en manos demócratas, la agenda legislativa de Trump quedaría prácticamente bloqueada. Los demócratas presidirían las comisiones, con capacidad para citar a funcionarios, pedir documentos y abrir investigaciones sobre la Administración. También tendrían un peso decisivo en los presupuestos, lo que aumentaría el riesgo de enfrentamientos y de cierres parciales del Gobierno. Se abriría además un debate interno sobre la conveniencia de un juicio político, una decisión que dependería más de la estrategia del partido que de la aritmética.
El Senado, sin embargo, es el gran factor de incertidumbre. Los republicanos parten con una mayoría de 53 a 47, así que los demócratas necesitan una victoria neta de cuatro escaños. Los modelos más recientes les dan opciones razonables, aunque los pronósticos difieren y los republicanos conservan posibilidades reales, entre ellas el voto de desempate del vicepresidente JD Vance en caso de empate a 50.
Si los republicanos retienen el Senado, mantendrían el control de las nominaciones judiciales y de altos cargos, uno de sus apoyos más destacados, y podrían frenar cualquier iniciativa demócrata procedente de la Cámara. El resultado sería un bloqueo recíproco, con poca legislación importante y un Gobierno que recurriría más a las órdenes ejecutivas. Trump ya ha advertido de este escenario. Si los demócratas se hacen también con el Senado, el freno se extendería a los nombramientos, y la Administración tendría mucho más difícil confirmar jueces y cargos clave durante los dos años siguientes.
Los comicios se celebran el martes 3 de noviembre, con renovación de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y de 35 de los 100 asientos del Senado. Llegan a mitad del mandato y medirán el respaldo a un presidente cuya popularidad aparece en niveles bajos en las encuestas, con un 31 % según Reuters/Ipsos, un mínimo histórico para ese sondeo, y en un contexto de creciente preocupación por el coste de la vida.
El análisis es unánime en un punto: la victoria republicana de 2024 trajo consigo dos mayorías ajustadas, de 53 senadores y 218 representantes, que permitieron a la Casa Blanca imponer su agenda con facilidad durante dos años. Según el profesor de la Universidad Pontificia Comillas Adam Dubin, perder las dos cámaras o incluso una «lo cambiaría todo», porque los nombramientos del Supremo, la legislación y el presupuesto pasan por ambas. Una derrota abriría además la puerta a investigaciones sobre el presidente, su familia y sus colaboradores, entre ellos Elon Musk.
Un resultado favorable a los demócratas se leería como un voto de castigo a Trump, y eso influiría en la estrategia de ambos partidos de cara a 2028. Los republicanos tendrían que decidir cuánto se distancian o se alinean con el presidente, mientras que los demócratas empezarían a perfilar su liderazgo y su mensaje.
Fuente: okdiario.com
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