Las izquierdas europeas buscan el voto migrante ante el declive del apoyo obrero
Partidos de izquierda en Francia, Suecia, Alemania y Reino Unido intensifican su cortejo al electorado de origen inmigrante ante la pérdida de apoyo entre las clases trabajadoras nativas, según comicios recientes.
Por Iván Serrano
Las izquierdas europeas están reorientando su estrategia electoral hacia los barrios con mayor población de origen inmigrante ante el creciente rechazo de las clases medias y populares nativas. Los comicios municipales celebrados en Francia el pasado marzo, las elecciones locales en Gran Bretaña en mayo y las parlamentarias en Suecia de este septiembre han evidenciado que las zonas con más residentes llegados de fuera de Europa registran porcentajes de voto abrumadores hacia candidatos socialistas, neocomunistas o verdes.
El fenómeno tiene nombres propios. En Saint-Denis, el alcalde Bally Bagayoko, nacido en Malí, ciudadano francés y miembro de La Francia Insumisa, se ha convertido en el modelo de la «nueva Francia» que promueve la extrema izquierda. Jean-Luc Mélenchon, que se dirige a sus «hermanos y hermanas musulmanes», define este proceso como «créolisation», una nueva identidad colectiva, mestiza y desarraigada. En Suecia, el escrutinio legislativo ha confirmado que en varios barrios habitados por comunidades de Somalia, Afganistán, Siria o Irak —algunos controlados por bandas delictivas— el voto a los partidos de izquierda ha superado el 90%. En el municipio de Eksjö, una ciudadana fotografió un cartel con instrucciones en árabe sobre cómo votar correctamente.
En Alemania, la campaña para las elecciones a la Cámara de Diputados de Berlín, que se celebran este domingo 20, ha situado la nacionalización masiva en el centro del debate. Elif Eralp, candidata de Die Linke, propone reducir los trámites y los años de residencia exigidos para obtener la nacionalidad alemana, así como aumentar los funcionarios dedicados a gestionar las solicitudes. Políticos del Partido Verde y del Socialdemócrata han defendido medidas similares. Ante el auge de Alternativa para Alemania (AfD), la izquierda presenta estas nacionalizaciones como una forma de «salvar la democracia».
En España, el gobierno de Pedro Sánchez ha impulsado la regularización de más de un millón de inmigrantes y la concesión de la nacionalidad a casi 2,5 millones de iberoamericanos mediante la llamada «ley de nietos». Para los críticos, ambas medidas responden a la misma lógica: sustituir a los votantes nativos que dan la espalda a la izquierda por extranjeros que serían fieles al partido que les facilita el acceso a subsidios y nacionalidad.
El Reino Unido no es ajeno a esta dinámica. En julio de 2024, Keir Starmer obtuvo la primera mayoría absoluta del Partido Laborista desde 2010. Sin embargo, sus órdenes a la policía de reprimir a los manifestantes contrarios a su política migratoria y una serie de escándalos —asesinatos, violaciones, alojamiento en hoteles y gastos— hundieron al partido en varias elecciones. Los diputados socialistas encontraron un sustituto en el alcalde de Manchester, Andy Burnham, y forzaron la dimisión de Starmer, que incluso renunció a su acta de diputado por Holborn y St Pancras. El 8 de octubre se elegirá un nuevo diputado en ese distrito.
En esa contienda ha irrumpido Zack Polanski, líder del Partido Verde en Inglaterra y Gales, sin escaño en la Cámara de los Comunes y con solo un puesto en la Asamblea del Gran Londres. Polanski ha lanzado un anuncio en el que chapurrea unas palabras en urdu, la lengua nacional de Pakistán, para pedir el voto. De los 75.000 votantes de Holborn y St Pancras, la mayoría habla inglés, bengalí, francés o español, no urdu. No es la primera vez que los Verdes se dirigen a los pakistaníes: en otras elecciones lanzaron vídeos acusando de «islamofobia» al Partido Reform de Nigel Farage y describiendo a los laboristas como un satélite del primer ministro indio, Narendra Modi. Los laboristas también han buzoneado folletos en barrios de mayoría pakistaní asegurando que a los conservadores no les importaba Cachemira.
