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Evolut

1 de noviembre de 2026

Sociedad 5 min

Expertos explican las claves psicológicas detrás de la violencia juvenil sin reivindicación

Psicología social y criminología ofrecen marcos para entender por qué jóvenes, muchos menores, se suman a disturbios sin causa definida, en el contexto de los altercados recientes en Barcelona.

20minutos.es

La violencia juvenil sin reivindicación explícita, como la vivida en Barcelona el pasado sábado, obliga a buscar explicaciones que vayan más allá de la pancarta. Durante semanas se habían desplegado dispositivos especiales para la noche de Halloween, con el objetivo de evitar nuevos estallidos de disturbios en las grandes ciudades. Entre los grupos que han llamado la atención de las autoridades figura Blocus, cuyos miembros han sido detenidos en los últimos días, aunque todavía circulaban convocatorias para nuevos altercados.

Las similitudes con las oleadas de altercados en otros países europeos sugieren que no existe una única causa. Se han planteado distintas hipótesis: la lógica del contexto, marcada por el coste de la vida y la crisis de las instituciones; la injerencia extranjera, mediante actos de zona gris o estrategias híbridas que buscan fragmentar la sociedad; la infiltración de grupos extremos, radicales o antisistema; y el nihilismo moral o la frustración juvenil. Cada país tiene su propia idiosincrasia, y atribuir un único motivo a cada estallido resulta, según el análisis, insuficiente, sobre todo cuando una reivindicación legítima se tergiversa y se utiliza para el vandalismo o la desestabilización.

Más allá de quién organiza, el texto pone el foco en quién participa. Hay una diferencia notable entre quienes se manifiestan legítimamente, quienes lo hacen de forma violenta y quienes aprovechan la convulsión para saquear negocios y quemar calles sin reivindicación alguna. De los 130 detenidos el pasado sábado en Barcelona, más de 70 son menores. En el caso catalán, según el análisis, hay tanto jóvenes de origen español como de origen extranjero, estos últimos generalmente de origen magrebí. Quienes se adhieren a los disturbios son, en su mayoría, jóvenes sin vínculos previos con organizaciones extremistas.

Para explicar este fenómeno, el análisis propone tres ángulos: el motor, que organiza e instiga; la rueda, es decir, los motivos personales que llevan a un joven a aceptar la violencia; y la dirección, la deriva que resulta del contagio por contexto y de los propios actos vandálicos. El primero depende de la investigación de las autoridades, mientras que el segundo y el tercero permiten entender la conducta individual.

Uno de los marcos utilizados es el efecto Lucifer, concepto desarrollado por el psicólogo social estadounidense Philip Zimbardo. Según esta teoría, personas aparentemente normales, sin predisposición especial a la violencia, pueden cometer actos inmorales en determinadas circunstancias sociales. El comportamiento no depende solo de la personalidad o de los valores, sino también del entorno, de la situación, de las normas del grupo y de las relaciones de poder. En este proceso intervienen la desindividualización, que amplía el anonimato y reduce la sensación de responsabilidad personal, y con ella la desconexión moral, la deshumanización y la conformidad grupal.

La teoría de las ventanas rotas, formulada en los años ochenta por el politólogo James Q. Wilson y el criminólogo George L. Kelling, complementa este análisis. Sostiene que los pequeños signos de desorden y abandono en un entorno pueden favorecer conductas delictivas más graves, porque la tolerancia hacia el deterioro transmite la sensación de ineficacia y de ausencia de normas. Trasladado al caso que nos ocupa, si en una mente joven se instala la idea de que las instituciones no funcionan, que el Estado no los protege y que no hay futuro, habrá menos límites para sumarse a la ruptura del orden.

El análisis también recurre al concepto de nihilismo para interpretar algunas participaciones individuales. Cuando nada parece importar, la indiferencia puede derivar en comportamientos destructivos. Sin embargo, según el texto, esto por sí solo no basta: se suman el contexto, el grupo, la instigación y, en noches como la de Halloween, el anonimato de las máscaras, el alcohol, la fiesta y la desinhibición. La violencia puede parecer sin sentido, pero suele tener una o varias explicaciones, no necesariamente excluyentes entre sí, que no equivalen a justificaciones.

El texto concluye que, para manejar las variables que concurren en la conducta juvenil, la educación resulta imprescindible, y que esta debe incluir también formas de control. La combinación de desprotección, instigación externa, descontento, contagio y juventud, junto con la rabia, la frustración, la inmadurez y la dinámica de masa, configura el escenario en el que este tipo de violencia encuentra terreno.

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Iván Serrano

Autor

Corresponsal internacional

Iván Serrano cubre para Evolut actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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